México competente y competitivo

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Fausto Alzati Araiza 17/04/2014 01:57
México competente y competitivo

Jude Wanninsky es autor de The Way the World Works (Cómo funciona el mundo), libro de cabecera de Ronald Reagan y discretamente leído y consultado por innumerables jefes de Estado y de Gobierno desde entonces. En ese texto extraordinario, Wanninsky afirma que “en tanto que una elección o referéndum sea realizado con honestidad, su resultado siempre será el correcto. Ningún individuo, ningún rey filósofo, puede jamás ser un mejor juez de los intereses del electorado que el electorado mismo. Y en cada elección nacional o local, aquel ciudadano que es electo Presidente, legislador o munícipe es el reflejo óptimo del interés nacional o local”. Los argumentos que soportan estas afirmaciones son, a mi entender, contundentes y convincentes. Invito al lector interesado a revisarlos directamente en el extraordinario libro citado.

Se sabe que Ronald Reagan, más oidor que lector, jamás leyó completo el dichoso libro y que prefería citar al autor para que le leyera fragmentos. Ignoro si el presidente Enrique Peña Nieto conoce el texto y las conclusiones de Wanninsky. Pero no es importante porque en su actuar de jefe de Estado y de Gobierno, y en su calidad de líder político supremo de su partido, actúa con pleno dominio de los principios ahí demostrados. Se sabe triunfador legal y legítimo de un proceso electoral que nadie se ha atrevido a cuestionar por medios legales. Y está sabiendo interpretar con claridad de visión y amplia perspectiva del futuro los anhelos más sentidos de la nación mexicana. Dice Wanninsky: “El trabajo del político es adivinar lo que el electorado quiere”. Si lo hace bien, triunfará electoralmente, si no lo hace, fracasará. Los pueblos votan por quien les dice lo que quieren escuchar, por quien les muestra la ruta hacia el porvenir que anhelan y les convence de que puede guiarlos hacia allá.

La nación mexicana quiere un México próspero, democrático y equitativo. Pero la ruta hacia ese destino pasa por edificar primero un México competente y por derrumbar a los emporios monopólicos y someter a los poderes fácticos que impiden el surgimiento de un México competitivo. Un México competente y competitivo. Competente, en tanto que cada mexicano dispondrá de competencias, es decir, de capacidades y destrezas valiosas y valoradas por las empresas en el quehacer productivo. Ese es el gran reto de la Reforma Educativa encomendada por el presidente Peña Nieto al saber pedagógico y la destreza política de Emilio Chuayffet Chemor. La meta es ambiciosa, aunque está menos distante de lo que parece y sus enemigos son, ya se verá, más tigres de papel que invencibles vampiros o insaciables momias chiapanecas. Avanzamos con paso firme hacia el México competente.

Por desgracia, el México competitivo parece mucho más distante. La Reforma Energética no acaba de abrir la competencia al sector. Apenas arañazos a los duros, cerrados y oscuros monopolios energéticos públicos que bajo sus trasnochadas retóricas nacionalistas y sus sucios chantajes al fisco federal ocultan la más escandalosa y vergonzosa corrupción que no hace sino minar la legitimidad de un gobierno, el de Peña Nieto, que ni por razones políticas ni económicas necesita tolerarla más. A esto agréguese el cada vez más inexplicable monopolio de las telecomunicaciones, mediante el cual la corta visión y la tacañería del ingeniero Slim tienen detenida la plena y exitosa inserción de México en la economía digital global, lo que coloca cada vez más a México en riesgo de un atraso ya irreversible y de un estallido social.

Sin el México competitivo que abra oportunidades de ocupación productiva y remunerada poniendo fin a los espantosos emporios monopólicos públicos y privados, el México competente se convertirá en una clase media ilustrada y frustrada. Esas hacen las revoluciones y las guerras civiles. ¿De verdad queremos otra en pleno siglo XXI? Sería suicida.

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