El sendero de la esperanza

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Fausto Alzati Araiza 27/02/2014 01:18
El sendero de la esperanza

México está listo para retornar al sendero de la esperanza con una estrategia eficaz para recobrar el crecimiento sostenido. Es cierto que  no hay soluciones mágicas a los problemas de México, salvo una que casi lo sería: un alto crecimiento económico que en pocas décadas elimine la subocupación. Es ya hora de poner a México en la senda del crecimiento rápido, sostenido e incluyente.

Una estrategia eficaz de alto crecimiento sostenido e incluyente parte de la voluntad política del más alto liderazgo de la nación, secundado por todos los sectores económicos y sociales. La alternancia nos ha permitido ya crear las condiciones para consolidar la normalidad democrática. No demos marcha atrás. La continuada viabilidad de México como nación soberana y democrática, la reconstrucción de su prestigio internacional, la recuperación del crecimiento y la apertura de nuevas oportunidades de prosperidad y justicia social son tareas urgentes en las que todas las fuerzas políticas deben colaborar. La política en una democracia es juego que tiene desquite. No es lucha de enemigos históricos que busquen aniquilarse mutuamente, sino interacción enriquecedora de adversarios que a sus intereses inmediatos saben anteponer el interés superior de la nación.

La definición de una estrategia eficaz para recobrar el crecimiento sostenido habrá de ser necesariamente el resultado de un vasto proceso político de construcción de amplios consensos nacionales. Bien se sabe que ni las peores políticas públicas ni las más tóxicas burbujas financieras pueden descarrilar por mucho tiempo a una economía real saludable. Al igual que tampoco las mejores políticas públicas y todo el gasto presupuestal juntos pueden reanimar el crecimiento de una economía obsoleta cuyas fuentes de productividad están agotadas. Y una economía saludable es aquella en la que existen muchas fuentes de innovación, productividad y crecimiento, interactuando dinámicamente. Pero ahora es urgente crear regulaciones e incentivos para que surjan nuevas formas de canalizar financiamiento a los emergentes y pujantes sectores de la nueva economía. Y será mejor hacerlo en un contexto de concordia política.

Es ya urgente crear condiciones adecuadas para que los emprendedores mexicanos participen en el  crecimiento, aplicando una política eficaz de reducción de los requerimientos financieros del sector público. Para que el alto crecimiento se generalice y se vuelva incluyente es indispensable que el crédito y el financiamiento en todas sus modalidades fluyan con agilidad hacia las actividades productivas, sobre todo hacia las empresas medianas y pequeñas y hacia las más innovadoras, que en general son, coincidentemente, las que más ocupación generan por unidad de inversión. Para que esto suceda es necesario reducir, hasta su mínimo indispensable, los requerimientos financieros del sector público, a fin de que la emisión de bonos de deuda pública se limite y deje de absorber parte del ahorro confiado por el público al sector financiero. Sólo de esta manera volverán el crédito y el financiamiento a estar disponibles para las inversiones productivas de las empresas mexicanas.

Si se consigue incrementar la inversión extranjera directa que implique importación de maquinaria y equipo nuevos e innovadores, para llegar a casi seis mil millones de dólares al año, se puede incrementar el crecimiento en alrededor de 3% para llegar a tasas de crecimiento del PIB cercanas a 6% anual. Ya hoy en México existen industrias, sectores y regiones en expansión. En torno a ellas se configuran complejos productivos que generan espacios de crecimiento y empleo. Insertar en esas cadenas a empresas que incorporen inversión extrajera directa innovadora será el motor de la estrategia de crecimiento. De no hacerlo así, las reformas no bastarán para crecer y retornar al sendero de la esperanza.

                Twitter: @alzati_phd

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