El futuro del empleo y la educación

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Fausto Alzati Araiza 20/02/2014 02:08
El futuro del empleo y la educación

En los últimos cuatro años la productividad de los trabajadores estadunidenses que tienen la suerte de tener un empleo formal, se ha incrementado. Sin embargo, Estados Unidos todavía tiene dos millones de empleos menos que antes de la recesión. La tasa de desempleo está estancada en niveles no vistos desde principios de los noventa. Cabe preguntarnos si no nos hemos mecanizado e informatizado hasta caer, nosotros mismos, en la obsolescencia. El cambio tecnológico desplaza a los trabajadores que realizan determinadas tareas, pero a largo plazo genera nuevos productos y servicios que aumentan los ingresos nacionales y la demanda global de mano de obra. Conforme las sociedades se vuelven más prósperas, los ciudadanos realizan jornadas de trabajo más cortas, toman vacaciones más largas y se jubilan antes, pero eso también es progreso.

El descenso en los costos de la computación, desde 1970, ha generado enormes incentivos a los empleadores para sustituir mano de obra costosa por computadoras cada vez más baratas y poderosas. Estos rápidos avances que percibimos cotidianamente —facturación en los aeropuertos, compra en línea de libros, pagos en los sitios web de nuestros bancos o consultas a nuestros smartphones con GPS al ir manejando un auto— han reavivado los temores de que los trabajadores serán desplazados por las máquinas. Sin embargo, aunque las computadoras están por todas partes, no pueden hacerlo todo. Su fuerte es la realización de tareas de rutina que están más extendidas en empleos medianamente calificados como la contabilidad, el trabajo de oficina y los procesos de producción repetitivos. La informatización ha polarizado el empleo, el cuál se concentra en los niveles más altos y en los peor pagados, mientras los empleos intermedios disminuyen. El empleo aumenta en ocupaciones gerenciales, profesionales y técnicos con salarios altos y en ocupaciones, como el servicio a las personas, con salarios bajos. Las perspectivas de empleo son negras para muchos porque los hombres, y las instituciones, no corren lo bastante para garantizar que el trabajador medio no se quede rezagado detrás de las máquinas más avanzadas.

La apuesta tiene que ir más bien por un proceso de innovación abierta, rápida e iterativa que inaugure nuevos mercados y posibilidades. En consecuencia, son urgentemente necesarios nuevos modelos de empresa, nuevas estructuras organizativas e instituciones diferentes. Y en ningún ámbito es esto más apremiante y tangible que en el de la educación. ¿Sigue siendo la respuesta una educación escolarizada convencional, con su énfasis en la transmisión a escala masiva de las competencias propias del empleo industrial estandarizado? ¿Cómo debe el sistema educativo responder a la creciente polarización del empleo? ¿Qué nuevas competencias y habilidades requerirán quienes hoy entran a la escuela primaria y dentro de 12 o 18 años, para obtener un empleo bien remunerado, habrán de interactuar con tecnologías cuyos alcances, complejidades e interfaces apenas alcanzamos a vislumbrar?

En todo este proceso de profunda e irreversible transformación económica y social, la educación tiene un papel fundamental y una función clave que debemos reconocer y aprovechar sin demora. Pero esto abre también una gran oportunidad para que nuevos innovadores entren a transformar el sector educativo por completo. Desarrollar opciones educativas que respondan a los retos de la polarización del empleo y al irrefrenable avance tecnológico futuro se vuelve una necesidad inaplazable. La Reforma Educativa que en México dirige el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, abre el espacio para reacondicionar la interacción entre la educación y el aparato productivo hacia nuevas formas de trabajo y producción, precisamente allí donde el sistema educativo de la era industrial resulta ya  prácticamente obsoleto.

                Twitter: @alzati_phd

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