¿Fractura o caudillismo?

El verdadero riesgo del PRD es ser rehén del radicalismo beligerante.

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Enrique Villarreal Ramos 09/05/2014 02:40
¿Fractura o caudillismo?

En su discurso conmemorativo del 25 aniversario del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas recordó que hace un cuarto de siglo se planteó “construir el partido de la democracia, de la Revolución Mexicana”; cuestionó que “solamente al régimen entreguista y neoliberal le sirve ese discurso que dice que hay que ser una izquierda moderna o alejada de radicalismos, los principios no son una moda, si la defensa de la soberanía nacional y la defensa de nuestros recursos naturales le resultan anticuados a los neoliberales, es mejor pasar por anticuados que ceder ante los vendepatrias”. Criticó que el PRD “ha caído en la distorsionante práctica de tomar sus grandes decisiones por cuotas... El debate de ideas no es una práctica cotidiana, y los principios, frecuentemente, se hacen a un lado para privilegiar alianzas electorales con quienes piensan y actúan en contra de sus postulados”.

Cárdenas alertó que en el proceso de renovación de la dirigencia nacional “soplan vientos de fractura”, y que este riesgo se podría evitar si se da “un acuerdo en torno de los tres compañeros que han manifestado su aspiración para presidir el PRD o en torno a cualquier otro compañero…” De producirse el rompimiento, el futuro inmediato para el perredismo será el achicamiento electoral en los próximos años, y convocó a luchar por la consulta ciudadana que revierta la Reforma Energética.

Del mensaje anterior se desprende de Cárdenas: 1) su anquilosamiento ideológico, anclado en los dogmas del nacionalismo revolucionario y en la vieja crítica a un neoliberalismo ya inexistente; 2) su radicalismo, al criticar los pactos con el gobierno federal y las alianzas electorales con el PAN; 3) su pobreza programática, al hacer de una consulta ciudadana (de dudosa eficacia), la principal bandera electoral para 2015; 4) su caudillismo, al hacer depender la unidad partidaria de su candidatura única, “por aclamación”; y a final de cuentas, 5) su faccionalismo, al liderar al grupo opositor a Los Chuchos, particularmente a la tribu más perniciosa, corrupta y radical del sol azteca: los bejaranos.

En realidad en el planteamiento cardenista existe un falso dilema: fractura o acuerdo caudillista. No hay riesgo de fractura actual, porque el PRD ha estado fracturado de origen, más aun cuando aparecieron las tribus, justamente para contrarrestar el caudillismo cardenista y disputarle el poder del partido, y luego los espacios de poder que el PRD conquistaba, sobre todo en el DF. Tampoco Cárdenas puede ser el “fiel de la balanza”, ya que está convertido en líder de facción, que polariza y confronta, en lugar de unificar y fortalecer al perredismo: más bien, es un ariete que utilizan los bejaranos para negociar posiciones, candidaturas, presupuestos, etcétera, ante la imposibilidad de quitarle a Los Chuchos el control del PRD. Por ello, amenazan con la desbandada, pero es un chantaje para “vender cara su derrota”, aunque difícilmente en otro lugar les podría ir mejor o, acaso, ¿obtendrían más y mejores posiciones en Morena que en el PRD de Los Chuchos?, y más allá de afinidades ideológicas, ¿AMLO aceptaría al cartucho quemado de Bejarano?

El verdadero riesgo para el PRD es caer en el juego de los radicales: la oposición a ultranza a las reformas y al gobierno los conducirá nuevamente al desgaste de la confrontación, del sectarismo y, a final de cuentas, al achicamiento electoral, ya que con seguridad en radicalismo y beligerancia será rebasado por Morena, otra fractura caudillista del perredismo, que le cobrara elevada factura en 2015.

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