Apertura cubana

Mientras los cubanos liberalizan su antiguo sistema, la izquierda mexicana se aferra a dogmas y modelos anacrónicos.

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Enrique Villarreal Ramos 04/04/2014 01:49
Apertura cubana

En un acto sin precedente, la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba aprobó una nueva ley de inversión extranjera. La finalidad, según el vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, es atraer dos mil millones de dólares anuales indispensables para que la economía crezca como mínimo entre cinco y siete por ciento, y sacar adelante el modelo socialista, “próspero y sustentable”.

Conforme al novedoso ordenamiento, que se produce en el contexto de una “actualización del socialismo”, realizada por Raúl Castro desde 2008, la nueva política implica que: 1) la inversión extranjera estará autorizada en todos los sectores, excepto salud, educación y fuerzas armadas; 2) por ende, quedan abiertos los demás sectores, incluyendo el agrícola y el energético; 3) los inversores no pagarán impuestos sobre las ganancias durante los primeros años, y luego 15%, y podrán ser beneficiados con bonificaciones en algunos tributos; 4) los cubanos residentes en el exterior podrán invertir, excepto los que no estén vinculados “a la mafia terroristas de Miami”, y 5) se busca “proveer a los inversionistas extranjeros de plena protección y seguridad jurídica, por lo que sus inversiones no podrán ser expropiadas, salvo motivos de utilidad pública o interés social, con indemnización, en concordancia con la Constitución y los tratados internacionales”.

Esta liberalización, que ha incluido también mayores libertades a los cubanos para viajar incluso a EU, es un reconocimiento implícito de que fracasó el modelo estatista, planificado, cerrado, rígido e ideologizado, que satanizaba a los capitalistas extranjeros “por imperialistas”, y que se requiere pragmatismo y oxígeno para sacar a la economía de la crisis y del estancamiento. Sin embargo, el régimen cubano no tiene contemplada la reforma política, y la búsqueda de inversores externos tiene que enfrentar el embargo comercial y financiero de Estados Unidos, que impide a sus ciudadanos hacer negocios con la isla, y obliga a las compañías extranjeras a que elijan entre negociar con la isla o con EU. Por ello, los cambios (o acciones como rechazar el asilo a Snowden) impulsados por Raúl Castro pretenden mejorar las relaciones con el gobierno estadunidense y la Unión Europea. Asimismo, los cubanos buscan vacunarse ante la posibilidad de que se les reduzca o, incluso, se les pudiera suspender el millonario subsidio que les otorga Venezuela…

Pero si en Cuba comienzan a superar sus tabúes, la izquierda mexicana se aferra a ellos, al grado que centran su lucha y sus estrategias en defenderlos. Así, López Obrador calificó de piratas los contratos que firmaron las empresas extranjeras con Pemex. Advirtió a las empresas extranjeras que se abstengan de signar algún contrato de exploración o explotación a la paraestatal, ya que son “un acto de traición a la patria, no tienen ni tendrán firmeza y todas esas farsas las vamos a revertir porque va a triunfar nuestro proyecto; ni Peña Nieto ni los legisladores tienen representación del pueblo de México para entregar o subastar el petróleo”, y amenazó si los extranjeros “se embarcan” con esos contratos “lo van a lamentar el día de mañana”.

Esta pobreza de ideas se revela en el hecho de que la consulta sobre la Reforma Energética sea la principal bandera electoral y de movilización de la izquierda. No hay propuesta, únicamente le apuestan al fracaso del gobierno actual y a fomentar el encono social antigobiernista, especialmente en quienes añoran la utopía perdida, que hasta los cubanos, por lo visto, ya están abandonando.

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