Golpe al radicalismo

La captura de El Chapo Guzmán no sólo es un golpe contundente al narcotráfico, sino al radicalismo.

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Enrique Villarreal Ramos 28/02/2014 01:44
Golpe al radicalismo

Cuando el país y el mundo se congratulaban por la captura del narcotraficante más buscado, Joaquín El Chapo Guzmán, Andrés Manuel López Obrador declaró que la aprehensión del capo “sólo es una cortina de humo para beneficiar al gobierno federal, en especial a la figura del presidente Enrique Peña Nieto”; es una estrategia para posicionar al gobierno actual ante la ciudadanía a través de los medios de comunicación. “Esto no ayuda a nada, no veo más que publicidad, jolgorio”, ya que no resolverá a fondo el problema del narcotráfico en México.

Es claro que la izquierda radical jamás reconocerá los logros gubernamentales, ya que su razón de ser es el oposicionismo a ultranza, aprovechando que siempre existirá un sector del electorado y de la población que será antigobiernista y escéptico, con tendencias mesiánicas. El oposicionismo como postura política prevalecerá, conforme se quede sin banderas ideológicas: oponerse por oponerse, sin propuestas ni alternativas reales, apostándole a los errores del gobierno y a los efectos de las actividades delincuenciales, aun cuando ello implique el desbarranco del país.

Por ello, a los radicales —incluyendo periodistas e intelectuales muy conocidos por su mezquindad, intransigencia y su gusto por la desinformación—  no les caen bien este tipo de noticias, y trataron de desacreditar o demeritar el hecho difundiendo versiones de que “no era El Chapo”, o de que fue “la DEA la verdadera autora de su reaprehensión”, de que “sólo fue un golpe mediático”, etcétera.

Evidentemente, la captura de El Chapo está lejos de ser el fin del narcotráfico, de la violencia y la inseguridad. Se ha comentado que, por el contrario, su aprehensión puede generar un oleaje criminal como en el pasado ha sucedido cuando se captura o muere un importante capo, más aún si se trata de un mafioso, cuyo poder y maldad es comparado con el colombiano Pablo Escobar. Además, se dice, que el cártel del Pacífico no ha sido liquidado, ya sea porque sólo habrá un cambio de mando (Zambada, Esparragoza) o por su carácter descentralizado u otras razones. Sin olvidar, claro, que siguen operando otras organizaciones y redes criminales por diversas partes (cártel del Golfo, Zetas, Templarios, etcétera), los cuales, pese a los golpes recibidos, aún siguen realizando actividades delictivas y sangrientas.

No por ello debe dejar de dimensionarse, la contundencia del golpe contra los narcos sinaloenses y socios. El Chapo ha sido considerado el narcotraficante más poderoso del mundo. Su cártel controlaba 45% de la cocaína que llega a EU, operan en 50 países de cuatro continentes, con presencia en 200 ciudades del vecino del norte… y hay que destacar que su aprehensión se hizo limpia, y que con seguridad será el principio de más capturas, que afectarán seriamente las operaciones del cártel, y que repercutirá en los demás grupos delictivos, dada la eficacia de la estrategia gubernamental.

Pero también es un golpe contra los radicales, especialmente aquellos cuyos métodos violentos generan convergencia de acciones con la delincuencia organizada. Ambos buscan y se benefician de la desestabilización y del caos, y no ha sido casualidad que se establezcan vasos comunicantes entre ellos. En todo caso, la acusación de que el partido en el poder o el gobierno tenían una “alianza” con algunos cárteles, concretamente con el de El Chapo (o con Elba Esther Gordillo, como lo denunciaba la CNTE), esa sí era una cortina de humo para encubrir actividades delictivas de los radicales o sus complicidades con el crimen organizado.

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