Alianza globalizadora

Los opositores a las reformas intentan impedir que México ejerza su soberanía globalizadora.

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Enrique Villarreal Ramos 14/02/2014 01:57
Alianza globalizadora

Al llegar a Cartagena de Indias para asistir a la octava Cumbre de la Alianza del Pacífico, el presidente Enrique Peña Nieto dijo que “será un gran espacio para una mayor integración de los países que formamos parte de este bloque económico, hacer de éste un instrumento y una plataforma para integrarnos a la región Asia-Pacífico. Para materializar acuerdos en comercio e inversión, principalmente”. Anunció que “en materia de libre circulación de bienes y servicios, nuestros países han acordado la desgravación arancelaria gradual de 100% de su comercio: 92% será de manera inmediata, siete a corto y mediano plazos, y uno a largo plazo, con periodos preestablecidos”, claro, previa a la aprobación del Congreso de cada país.

El protocolo adicional al acuerdo, marco de la Alianza que se firmó, asimismo contempla crear un fondo para financiar infraestructura y que permita recibir recursos internacionales para ese fin, y crea diversos mecanismos para facilitar el comercio y la cooperación, entre otros ámbitos.

Cabe recordar que esta Alianza fue creada en abril de 2011 por México, Chile, Colombia y Perú; con un mercado de 200 millones de personas; representa 50% del comercio total latinoamericano con otras regiones, tiene un PIB combinado de más de dos billones de dólares, y representará la octava economía mundial. Se plantea como un bloque abierto y flexible, al cual Costa Rica ya solicitó su ingreso, y las 30 naciones observadoras, entre ellas Finlandia e Israel, muestran la expectativa que ha generado.

Después de todo, este tipo de iniciativas revelan la capacidad de las naciones emergentes para crear instrumentos de intercambio y desarrollo, no sólo entre ellas, sino para erigirse en puentes hacia otros bloques ya establecidos (TLCAN)  o por negociarse (Acuerdo Transpacífico), y poder participar dentro del mundo globalizado con mayor fuerza y oportunidad, es decir, ejercer una soberanía globalizadora. Los países de la Alianza se caracterizan por llevar a cabo políticas macroeconómicas responsables, reformas de libre mercado y por su apertura externa, a diferencia de otros, como Venezuela y Argentina, donde han imperado el estatismo, el populismo y esquemas con mayor proteccionismo, y por ello, en gran parte, se dirigen al colapso económico, lo que repercutirá en el Mercosur y en su atractivo, pese a que representa un mercado más grande que el de la Alianza.

Quienes se oponen a las reformas estructurales no perciben que la capacidad globalizadora de México depende de su realización. Antes, rechazaron el TLCAN creyendo que nos convertiría en un apéndice de Estados Unidos, y resulta que fue nuestro despegue globalizador. Condenaron las “reformas neoliberales”, por la privatización y los males sociales que acarrearían, pero nos proporcionaron la solidez interna indispensable (por ejemplo, la estabilidad macroeconómica) para enfrentar el reto externo. Ahora, cuando la mirada del mundo se dirige a las naciones emergentes del MIKT (México, Indonesia, Corea del Sur y Turquía), y se pretende relanzar el Mexican moment, los izquierdistas, quienes carecen de alguna nación o modelo como referente, simplemente pretenden sabotear, por sabotear, las reformas (sólo saben crear bloques destructivos) y apostarle a eventuales errores o insuficiencias gubernamentales. Ellos sí, especialmente los más radicales, paradójicamente, terminaron, discursiva y políticamente, como satélites del gobierno.

Entretelones

El vandalismo magisterial se revierte contra ellos mismos: entre mayor violencia, más descrédito y despidos habrá, sino es que hasta aprehensiones.

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