Riesgos perredistas

El PRD, al pretender sepultar el Pacto, pierde su renovada identidad y la oportunidad de participar en la gobernabilidad y en los cambios en marcha.

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Enrique Villarreal Ramos 06/12/2013 02:29
Riesgos perredistas

La semana pasada el dirigente nacional del PRD, Jesús Zambrano, anunció que su partido dejaba el Pacto, entre otras razones, porque no se tomaban en cuenta sus propuestas para las reformas política y energética, y porque el PRI y el PAN están pactando de forma secreta un dictamen de una reforma energética privatizadora. Concretamente dijo que “no vamos a compartir de ninguna manera este atraco que se quiere hacer contra el país”. Acusó que “son ellos (PRI y PAN) los que están dinamitando el Pacto y la posibilidad de acuerdos”. Posteriormente, Zambrano aclaró que el retiro “no es temporal sino condicionado”: que si la discusión de la reforma político-electoral no se da “a todo vapor” y si el debate energético se pospone para el próximo periodo legislativo, en febrero, su partido regresaría al Pacto, y así poder llevar a cabo una consulta popular dada la importancia que tiene el tema energético para México.

En respuesta a lo anterior, y como parte de los intentos para que el PRD retorne al Pacto, los dirigentes nacionales del PAN y del PRI respondieron que la reforma del DF y la ley reglamentaria de las consultas ciudadanas sí están incluidas, pero en otros dictámenes.

No obstante, es inaceptable el condicionamiento de Zambrano, ya que su maniobra resulta grotesca y desesperada: 1) prolongar la discusión de la reforma política implicaba postergar la energética; 2) dar carácter vinculatorio a las consultas ciudadanas significaba la posibilidad de echar abajo la reforma energética en 2015, y 3) reventar el Pacto, pero no ser acusado de ello: el PAN y el PRI serían los “verdaderos “dinamiteros”, porque supuestamente con dichas reformas incumplirían con el contenido del Pacto, cuando en realidad en los dictámenes senatoriales no existe nada que sea violatorio de aquél.

Claro esta maniobra también tiene propósitos relacionados con el propio PRD y la izquierda, entre ellos darle fuerza y legitimidad al relevo de Los Chuchos en la dirigencia nacional del partido e impedir que AMLO encabece la lucha “en defensa del petróleo y la soberanía” y Morena se lleve gran parte de la militancia y clientela perredista en 2015, ya que el PRD no podrá competir en intransigencia y radicalismo con el líder de Morena: su caudillismo es lo que da fuerza a las movilizaciones y a la mal llamada “resistencia pacífica”.

Peor aún: el PRD por automarginarse de las negociaciones de las reformas política y energética, le puede suceder lo que al PAN con la reforma fiscal, ya sea que no transiten sus propuestas y sean incorporadas a los dictámenes aquellas que más rechazan. Reventar el Pacto lo marginará de la gobernabilidad del país y de la participación en los cambios, concretamente en la obra legislativa y en las acciones de gobierno que harán realidad las reformas. Sepultar el Pacto hará perder al perredismo su renovada identidad como una izquierda moderna, democrática y propositiva, y retornará a la incongruencia, a la confrontación, el radicalismo y la rijosidad, que tanto daño le ha hecho.

Se podrá decir que el Pacto actual estaba condenado, pero no así la posibilidad de renovarlo o de continuar en la ruta de los acuerdos. Por lo pronto, el PRD tendrá la responsabilidad histórica de tronar anticipadamente a la primera experiencia pactista.

Entretelones

La reforma política aprobada es histórica porque acabó con el tabú de la reelección; la energética también lo será, porque derribará arraigados mitos.

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