Cananea... focos rojos

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Enrique García y García 24/08/2014 00:08
Cananea... focos rojos

De nueva cuenta la ausencia de información oportuna, precisa y confiable hace un polvorín ecológico a partir de un accidente industrial que supongo es grave, pero no catastrófico como se le tilda a priori. Lo anterior viene a colación por el reciente derrame de líquidos ácidos a uno de los afluentes del Río Sonora, proveniente de la mina de cobre a cielo abierto conocida como Cananea y que pertenece a la empresa minera Grupo México.

El proceso de extracción del metal que allí se realiza es por el método de lixiviación ácida que comprende una etapa de mezclado del material en bruto sacado de la mina con ácido sulfúrico, lo cual se hace en unas represas para después continuar con otras acciones. Debido a errores operativos en el proceso que desconozco a detalle, uno de los contenedores falló en su función y se produjo el lamentable derrame que fue controlado horas después por la empresa, no obstante el daño ya estaba hecho.

No dejo de señalar que para evaluar la contingencia es necesario conocer los  datos fisicoquímicos fundamentales como el pH, que indicaría el grado de concentración del ácido donde se produjo la fuga, a lo largo del río y en los bordos de captación aguas abajo, mismas que deberán realizarse de manera continua. El mecanismo de infiltración de agua superficial a los mantos acuíferos subterráneos hace descartar la contaminación del agua que se extrae de pozos profundos para distintos usos incluyendo el doméstico. Las mediciones in situ lo confirmarán.

Los procesos de lixiviación ácida son comunes y tienen sus peligros como toda actividad industrial y en el caso que nos ocupa se centran en el uso de ácido sulfúrico cuyo manejo y disposición no son sencillos, por lo que conllevan riesgos de contaminación ambiental. Desde hace una década se ha venido trabajando en otros procedimientos extractivos más amigables con el ambiente y uno de ellos es la llamada biolixiviación.

Hace unos años tuve oportunidad de evaluar un proyecto de otra empresa minera que pretendía usar esa tecnología después de analizar las contingencias ambientales inherentes al método tradicional. La investigación se centraba en el uso de bacterias para desprender cobre y zinc del material que se recogía de las minas. Bien, se abrían otras alternativas tecnológicas. En pocas palabras el método se basa en la disolución del cobre por acción bacteriana en un medio ácido para después seguir otra etapa de recuperación del metal para uso a nivel industrial. Esta aplicación proporciona grandes beneficios, unos de orden  económico por una mejor eficiencia energética, y otros ecológicos dado que los subproductos generados son residuos estables y de baja toxicidad. La legislación ecológica aplicable a todos estos procesos ha cambiado con objeto de cubrir las innovaciones tecnológicas como la descrita en el párrafo anterior y para ser más explícita en lo referente a las responsabilidades inherentes se ha expedido la Ley federal de Responsabilidad Ambiental que contempla sanciones e incluso denuncias de carácter penal a los infractores. Así las cosas, las empresas mineras tienen que revisar con mayor detenimiento sus políticas administrativas, procedimientos técnicos, y muy especialmente sus manuales de seguridad industrial y planes de contingencia durante y después de algún siniestro. También deberán considerar el cambio hacia metodologías que afecten menos al medio ambiente como la referida anteriormente.

En el caso que nos ocupa, ya se señalaba que el accidente era grave por la magnitud del derrame y su contenido, pero no se puede ahondar en ello y menos sobre sus efectos y acciones para corregir los daños, debido a la escasez de información de la empresa responsable y de las autoridades que atienden el caso. Esa ausencia de datos precisos ha hecho que el incidente se vuelva un verdadero “polvorín” ecológico que origina notas periodísticas sin ton ni son, creando un ambiente de temor y rechazo hacia la actividad minera en su conjunto. Es de esperarse que en los próximos días aparezcan más conjeturas y posiciones de condena a la empresa, máxime si no emite opinión concreta sobre el siniestro, daños causados y la evolución de las acciones para resarcirlos, y por otro lado las autoridades omiten los datos precisos sobre los niveles actuales de contaminación en los ríos y presas afectados, así como los daños en personas, flora y fauna de la zona. Hay que informar para no confundir.

Este incidente en Cananea enciende focos rojos para otras actividades no sólo  industriales sino todas aquéllas que afectan sensiblemente el medio ambiente tanto en dicha demarcación como en todo el País. Hay muchas.

                *Físico Nuclear, egresado de la UNAM, con especialidades
                en energía, agua y transferencia  de  tecnología

                ptfsc@prodigy.net.mx

                Twitter @fisicogarcia

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