Manzanas con naranjas

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Enrique Del Val Blanco 14/06/2014 01:47
Manzanas  con naranjas

Hace unas semanas escribí sobre Thomas Piketty y su cada día más famoso libro El capital en el siglo XXI, mismo que por cierto pasó desapercibido en Francia, su país natal. Sin embargo, al ser traducido al inglés y venderse en Estados Unidos ha sido un éxito de librería, convirtiéndose en un bestseller e incluso haciendo famoso a su editor.

El contenido de dicho libro se estaba tornando en una crítica severa al capitalismo, cuando de pronto Chris Giles, editor económico del prestigiado periódico de los ricos del mundo, el británico Financial Times, tuvo a bien realizar un extenso artículo denostando a Piketty y sus cálculos y datos, argumentando que eran imprecisos y llenos de errores, con la finalidad de defender al famoso uno por ciento de la población que lee su periódico y se siente amenazada por las propuestas del economista francés.

Mientras los lectores asiduos del Financial Times leían las notas sobre la desigualdad en África o en América Latina, que es la región más desigual, no les preocupaba nada pues eran problemas de los países del tercer mundo. No obstante, ahora que la crítica es de frente hacia los países desarrollados donde ellos viven, principalmente Estados Unidos, se sienten ofendidos y con la necesidad de atacar con fuerza las tesis del libro.

El problema es que les salió el tiro por la culata, ya que las críticas de Chris Giles han sido contestadas y comentadas por reputados economistas, como el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, quien se ha referido en varios artículos a las falsedades de la crítica a Thomas Piketty, indicando que él mismo desde hace varios años había denunciado el crecimiento de la desigualdad en Estados Unidos y como respuesta lo desacreditaron argumentando que si bien la desigualdad crecía, había mucha movilidad social y cualquiera que insistiera en la desigualdad era un marxista encubierto. Así de sencillo.

Por supuesto que el señor Piketty respondió de inmediato a las críticas de Giles de manera precisa, arguyendo centralmente que el gran problema del editor del Financial Times es que comparó manzanas con naranjas y el resultado fue limón, el cual, agregaríamos nosotros, salió agrio.

Dado que Giles no es experto en desigualdad, no sabe que existen datos diferentes sobre la distribución del ingreso y la riqueza de las personas. Como dice Krugman, es más fácil atenerse a los datos fiscales que a las encuestas a los ricos. Nada más imaginémonos haciendo entrevistas sobre su riqueza a los más ricos de este país.

Sin embargo, probablemente lo más importante que ha hecho Piketty con su libro y las críticas y apoyos que ha recibido, es que ha puesto sobre la mesa de discusión el tema de la desigualdad a nivel mundial que es resultado de la gran acumulación habida en los últimos años en las sociedades, sobre todo en las desarrolladas, mismas que de seguir así serán incluso más desiguales en los próximos años.

Un profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Pol Morillas lo decía claramente en el periódico El País, en donde sostiene que las matemáticas y la estadística han ido ganado espacio en los programas académicos de las mejores facultades de economía del mundo, ya que sirven a los intereses y necesidades de una “economía hiperglobalizada e hiperfinanciarizada”, en sus palabras.

Piketty quizás ha hecho una gran aportación a la enseñanza de la economía, al realizar un llamamiento internacional a una enseñanza más pluralista y abierta al debate de ideas en los programas de estudio. Existe la posibilidad de que la educación cuadrada de muchas facultades de economía del mundo, principalmente las privadas, tenga que tomar en cuenta la necesidad de abrirse y ligarse más a las ciencias sociales, como se hace en muchas universidades públicas, y de esta manera comprender mejor los fenómenos actuales.

Sin duda el fenómeno Piketty será muy beneficioso para el estudio de la economía en las famosas y caras escuelas de las sociedades desarrolladas. Esperemos que las aprovechen.

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