Nueva plutocracia

El fin del secreto bancario en Luxemburgo y Austria, es resultado de la presión ejercida por la comunidad internacional.

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Enrique Del Val Blanco 05/04/2014 00:14
Nueva plutocracia

Cada día aparecen más y más noticias y libros que hablan sobre estos últimos dos decenios, que podríamos llamar de desigualdad creciente en este planeta y que algunos califican como un periodo de aparición de una nueva plutocracia, debido a las inmensas riquezas que se están acumulando en pocas manos. Una de las grandes diferencias que, según la revista inglesa The Economist, existen con respecto a los ricos de finales del siglo XIX, con John D. Rockefeller a la cabeza, es que ellos industrializaron al país, hicieron inmensas fortunas, con todo y sus lujosas mansiones,  por supuesto corrompieron a los políticos.

Ahora, los nuevos plutócratas, que después de 20 años de globalización son parte del famoso uno por ciento de la población, concentran sus actividades en unos cuantos sectores; sin embargo, en lugar de crecer el pastel para una mejor repartición, lo que hacen es llevarse una mayor parte del mismo pastel y, al igual que los del siglo XIX, corrompen a los servidores públicos. Otra gran diferencia es que ahora están surgiendo cada vez más en las naciones llamadas en vías de desarrollo.

En este contexto, se puede celebrar como triunfo, aunque para muchos pueda ser pequeño, el fin del secreto bancario en Luxemburgo y Austria, es resultado de la presión ejercida por la comunidad internacional, principalmente de Estados Unidos y la Unión Europea. Para lograr lo anterior, en marzo de 2010, el presidente Obama firmó una ley, conocida por sus siglas en inglés como FACTA, por medio de la cual todos los bancos extranjeros deben informar al fisco estadunidense sobre la totalidad de los ingresos y depósitos hechos por ciudadanos de ese país y en caso de no hacerlo se les impondrán severas sanciones. Estados Unidos puede hacer esto porque la mayoría de los bancos tiene operaciones en su territorio.

La aplicación de dicha ley ha sido un éxito, ya que incluso el muy opaco sistema financiero suizo ha tenido que doblar las manos y está cooperando con el gobierno norteamericano entregando toda la información que se le solicita, lo mismo que los bancos de todos los países del mundo con operaciones en suelo estadunidense.

Es por lo anterior que el pasado 20 de marzo, en la ciudad belga de Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno de ese continente oficializaron el fin del secreto bancario en el Gran Ducado de Luxemburgo y en Austria, y a partir del año próximo deberán de comunicar al fisco de los otros países europeos el monto de recursos, con sus intereses, que hayan recibido aquéllos que hasta ahora consideraban a estos dos países como paraísos fiscales y evadían el pago de impuestos en su lugar de origen, tanto de nacionalidad como de negocios.

Tuvieron que pasar cinco largos años, mismos que iniciaron en 2009 cuando en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) Estados Unidos, Francia e Inglaterra le declararon la guerra a los paraísos fiscales; después vino la ley de Obama que hemos comentado y como Luxemburgo no hacía caso, a finales del año pasado, durante el Foro Fiscal Internacional organizado por la OCDE en Yakarta, Indonesia, amenazó con que ni el Banco Europeo de Inversiones ni el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo atenderían a los bancos de Luxemburgo si no abrían el secreto bancario. Así, no tuvieron más remedio que ceder y, finalmente, el recién nombrado primer ministro de ese pequeño país, el señor Xavier Bettel, aceptó la resolución.

Uno de los mayores daños que se puede hacer a las naciones es evadir los impuestos, principalmente, por parte de quienes más tienen. Por eso, ir eliminando todos los paraísos fiscales es una medida que hay que apoyar, hasta que los plutócratas, y los que aspiran a serlo, entiendan que este mundo no puede seguir tan desigual, pues también existe el riesgo de que 99% de la población se harte y las consecuencias las pagarán sin duda los que se llevan cada día una mayor rebanada del pastel sin hacerlo crecer.

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