El Chapo Guzmán... comparecencia VIP

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Enrique Aranda 26/02/2014 02:11
El Chapo Guzmán... comparecencia VIP

La mañana de ese 16 de marzo del 2000, en punto de las diez, el grupo de abogados encabezado por la licenciada Alma Leticia Lares Tenorio, agente del Ministerio Público federal, se aprestaba a iniciar la diligencia en la que, en virtud de haber aceptado comparecer de manera “libre y espontánea”, Joaquín El Chapo Guzmán declinaría hacerse acompañar por su abogado de turno o, eventualmente, por alguna otra persona de su confianza. La reunión había sido convocada para realizarse en el penal de Puente Grande, en Jalisco.

Luego de poco más de 12 horas de espera, al filo de las 22:30, finalmente, el recluso hizo acto de presencia ante el grupo de profesionales que le esperaban, pero no como pudiera pensarse, tras la tradicional rejilla de prácticas o en la celda que ocupaba, sino, para sorpresa de todos, en una oficina —“una cómoda mesa de juntas”, diría alguno de los presentes—  contigua a la del entonces director general del centro de reclusión, considerado de alta seguridad y del que, poco más de diez meses después, el líder del cártel de Sinaloa habría de evadirse... prácticamente por la puerta principal.

Amén de otros abogados, quienes estaban ahí representando al gobierno de Jalisco y al cardenal Juan Sandoval Íñiguez, entonces arzobispo de Guadalajara, en virtud de que la diligencia tendría por objeto ampliar las declaraciones de El Chapo sobre su eventual participación en el crimen, el 24 de mayo de 1993, del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, se sorprendieron por el lugar y “el clima amigable...” en que se desarrolló el encuentro y, más, por el control de la situación de que hizo gala el hasta ahora “capo más importante del planeta o el más buscado por el FBI a nivel global”.

Más habrían de sorprenderse cuando, a pregunta expresa del actual presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal y coadyuvante de la investigación sobre el asesinato del purpurado católico, José Antonio Ortega Sánchez, de ¿por qué la diligencia se estaba iniciando hasta esa hora y no a la prevista?, Guzmán Loera se concretó a aclararle, palabras más o menos, que ese día había tenido visita conyugal y “después me eché un vaporcito, luego me tomé una siesta y ahorita ya estoy para servirte como tú lo mereces...”.

Reflejos, podría decirse, de una comparecencia VIP ante la autoridad, ni más ni menos...

Lo anterior viene a cuenta porque hoy, otra vez, el más emblemático de los capos del crimen organizado a nivel global se encuentra preso, bajo control de la autoridad federal que, como mencionamos en nuestra entrega del domingo — El Chapo, sus respuestas…—, no debe dejar pasar la oportunidad de dar un paso adelante en indagatorias que, amén de ayudar a esclarecer la conducta delictiva del recluso y casos como el (hasta hoy irresuelto) de Posadas, permitirían  dar un impulso a la lucha contra la corrupción y la impunidad ofrecida por la actual administración...

La oportunidad, huelga decir, se antoja inmejorable...             

Veámonos el viernes, con otro asunto De naturaleza política.

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