El imperativo de ser exitoso

La prevención del delito, ese eje de la estrategia, diferenciador y prometedor, todavía está en busca de las coordenadas para asentarse adecuadamente.

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Edna Jaime 25/01/2014 02:20
El imperativo de ser exitoso

Hace unos días, en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el presidente Peña Nieto afrontó una realidad que será una constante a lo largo de su administración. Luego del recuento de sus aciertos en 12 meses de gobierno, se le cuestionó sobre la situación de inseguridad que priva en el país. Ahí todo su mérito deslució. No habrá proyecto de gobierno exitoso si no se afronta el problema de inseguridad de manera decidida. El gobierno mexicano tiene el imperativo de ser exitoso en este ámbito. La gran pregunta es si lo será.

Ante los cuestionamientos en la materia, la respuesta del Presidente fue limitada: no pudo hacer un planteamiento sólido, completo, de lo que la administración despliega en esa materia. Ofreció un dato que es incontrovertible: los homicidios dolosos en México han disminuido. Lo que no ha podido explicar es el porqué y las acciones concretas que el gobierno mexicano emprende en esta materia. En lugar de refugiarse en el argumento fácil de que otros países del continente están igual o peor, debió haber planteado lo que su gobierno está haciendo para marcar la diferencia. La violencia y el crimen pueden contenerse, pero hay que trabajar para hacerlo posible.

Después de Davos, el Presidente y su equipo deben revisar si lo emprendido es contundente y tendrá resultados. Al inicio de la administración, el Presidente anunció un cambio en la estrategia. En los 12 meses transcurridos lo que hemos visto se parece mucho a lo que se hizo en la administración que le antecedió. A pesar del discurso, la sustancia no cambia. Son fuerzas federales las que se hacen cargo de la seguridad en las regiones en conflicto. Salvo algunas excepciones, no hay trabajo para fortalecer las instituciones de seguridad y justicia en lo local. Vaya aquel proyecto en ciernes de profesionalización policiaca parece detenido, mientras se busca una alternativa al modelo calderonista que tampoco llegó muy lejos. Al parecer se abrió un impasse que el crimen aprovecha sin tregua. Pero tampoco vemos a la Federación abriendo brecha: todavía esperamos el proyecto de reforma a la procuración de justicia que se anunció temprano en esta administración.

La situación de los penales en México sigue sin atenderse, a pesar de lo aparatoso que resulta el hacinamiento, la violación sistemática de derechos de los internos y el uso irracional que damos a la prisión como sanción a cualquier delito. Cómo hubiera quedado México en dicho foro, si alguien hubiera expuesto las realidades que en esos centros de reclusión se vive cotidianamente. Por las cárceles conocerás a un país, aseveró Mandela. Vaya contraste con el México exitoso que pretendemos ser. El reloj corre y sería penoso llegar al final de esta administración con las manos vacías en esta materia.

La prevención del delito, ese eje de la estrategia, diferenciador y prometedor, todavía está en busca de las coordenadas para asentarse adecuadamente. En su primer año de despliegue, éste no logra definir con claridad sus objetivos. En un estudio reciente, México Evalúa ofrece la evaluación de uno de sus componentes. La conclusión se resume en una palabra: extravío. El reflejo de una curva de aprendizaje que denota la complejidad de la problemática que se aborda y el entendimiento incompleto de la misma.

La próxima semana el gobierno federal anuncia su estrategia antisecuestro. Buena oportunidad para volver a empezar. Para que la administración construya los puentes que han hecho falta entre el discurso y la acción, para que asiente prioridades, defina proyectos y también responsables. El presidente Peña es la cabeza del Estado mexicano, pero no es dueño de todos sus hilos y aunque empeñara toda su energía en este tema, no llegará lejos si no sube en el barco a las autoridades locales, también éstas son responsables. En este primer año ha evitado señalamiento alguno que evidencie la falta de voluntad de sus contrapartes. El modelo, sin embargo, no es sostenible por mucho tiempo. Michoacán es un caso extremo, muy cerca se encuentran otros estados más. ¿Cuál es la capacidad del gobierno federal para apagar los fuegos que los gobernadores son incapaces de atender?

El expresidente Calderón asumió como exclusiva la responsabilidad del combate al crimen y los grupos criminales. El presidente Peña ¿querrá replicar el paradigma?

Esta administración apenas comienza y lo que el primer año deja como aprendizaje es que el problema de inseguridad no se puede minimizar. Lo que Michoacán ha significado para esta administración en el inicio del año, otro evento puede serlo para el siguiente y así sucesivamente. Si no hay efectividad en su combate, el final de la administración se puede parecer al evento en Davos: que todo el proyecto del sexenio se vea eclipsado por la violencia e inseguridad.

                *Directora de México Evalúa

                Twitter: @EdnaJaime

                @MexEvalua

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