La vida se enreda

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Dore Ferriz 24/08/2014 00:27
La vida se enreda

El mundo entero se detiene cuando pasa un hombre que sabe a donde va.

                El Principito

 

La vida es una emboscada. Nos hemos acostumbrado a preocuparnos por el qué dirán. A actuar de acuerdo a patrones sociales. A ser actores y no auténticos. Nos esforzamos por ser lo que los demás quieren que seamos. Procuramos satisfacer las expectativas de cualquiera, menos las nuestras. Vivimos limitando el potencial que encerramos a la opinión pública. Y entonces nos volvemos la percepción de alguien más... Se nos olvida que esos “demás” son tan sólo la voz de su propio miedo que se expresa en la crítica ajena. ¡Qué más da lo que piensan de nosotros, si tenemos un espejo!

El reflejo no debe ser un ejercicio limitante que se detenga únicamente a ser una figura plasmada. Porque somos humanos y no estamos vacíos. Por eso somos imperfectos. Porque es nuestro único método de superación. Por eso, también, somos únicos. Nuestra huella son nuestros pasos, no el cuerpo que disfraza la fragilidad del ser. 

La mirada tiene que dejar de ser superficial para poder llegar más lejos. E introducirse al criterio y la eternidad. Para determinarnos un carácter que nos permita trascender. De lo contrario, el cuerpo es nuestro peor enemigo.

¿De qué nos sirve observarnos con los ojos de alguien más? ¿Juzgarnos con criterios robados que no han logrado usurpar la experiencia propia? O ¿sernos indiferentes? Pues... ¿como quién queremos ser? ¿En qué momento nos atrevemos a establecer una opinión sobre la discapacidad, incapacidad, obesidad, enfermedad... ajena? 

Estamos viviendo un cambio enorme de conciencia. El tiempo y la información han logrado arrancar muchas etiquetas que veníamos arrastrando sobre ciertos patrones sociales y su perfección. A muchos nos hubiera gustado ver un Buonarroti o un Da Vinci, expresando un cuerpo defectuoso o enfermo, en medio de una época donde la espiritualidad del ser pretendía renacer... Pero ellos ya se murieron y las creencias del siglo se mantenían tan estéticas como nuestra actual democracia. Por eso sólo pudieron dejarnos utopía y cuerpos robustos de salud... Sólo me viene a la mente una época más rebelde, expresionista y todavía surrealista. Frida Kahlo quien, con algunos autorretratos logra plasmar la delgada línea entre el cuerpo y Dios. Cuadros que sólo pudieron expresarse tras su propia experiencia.

Hoy las cosas han cambiado. Ya no necesitamos vivir determinadas circunstancias para entender una experiencia que no nos ha tocado vivir. Ni siquiera nos servimos del arte tradicional. Creamos uno para manifestarnos: Artec... por ponerle un nombre. Arte moderno donde el alma resulta más conectada que el propio internet. Su última manifestación el #icebucketchallenge donde con #selfies o videos se le da voz a las personas que sufren de esclerosis lateral amiotrófica. Un balde de agua helada que simula el malestar de los pacientes. Congela la motricidad del cuerpo y arranca un grito pelón por la falta de aire... y el miedo. Un mensaje literal. Un llamado de atención. Un grafitti virtual.

Lo que ahora nos pasa es, no solamente nuevo, sino sorprendente... hasta el punto en el que no se pueden ni explicar ni entender muchos de los impulsos que resultan difíciles de interpretar.

No sé hasta dónde lleguemos. Habrá que esperar a que el hombre de nuestro tiempo se autodefina. Por lo pronto, esto es un serio llamado a la conciencia para entender nuestro interior en medio de tanta estridencia de lo externo, que resulta difícil hablar con uno mismo.  Qué ironía, ahora que es tan fácil compartir todo con todos, resulta que conectar con uno está tan distante, como si fuéramos la estrella más lejana del firmamento. Justo cuando quiero verla y no puedo. Justo, cuando me siento tan rodeada... y al mismo tiempo, tan sola.

En fin... Mi eterna búsqueda de mí no está en las redes ni en Facebook, Twitter o Google maps... Está en mí... en ese ser, ahora tan lejano.

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