Pascua

La humanidad ha presenciado festividades sagradas a lo largo de la historia

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Dore Ferriz 20/04/2014 00:27
Pascua

Es interesante adentrarse en la historia de las fechas dignificadas en la antigua Roma, como días de la Naturaleza. Tiempos ofrendados a la diosa de la fertilidad Ishtar, Asiria, Ostern o Eaéstre. El culto de sacrificio daba “mantenimiento” a la armonía divina. Las fuerzas celestes precisaban ser aplacadas con oraciones, procesiones y festividades que robaban varios días del calendario. La diosa de la primavera acaparó luz y oscuridad. El equinoccio vernal envolvió frutos y grandes fiestas. Eaéstre fue abril. Cuando la tierra se abre para recibir en su seno, la semilla que producirá óptimos frutos. La diosa le proporcionó significado al sol creciente y se volvió Pascua.

La primavera fue sagrada para la prostitución. Los símbolos de la fertilidad eran el huevo y la liebre. Algunas estatuas la representan con los órganos sexuales toscamente exagerados. En otras figuras aparece con un huevo en la mano y un conejo a su diestra. Poco a poco, la adoración sexual se fusionó con el fervor. Las ceremonias paganas se reasimilaron bajo nuevas formas. El júbilo por el nacimiento del sol y por el despertar de la naturaleza se convirtió en el regocijo por el nacimiento de la justicia y la resurrección.

El Pésaj judío se origina con la décima plaga enviada por Dios en contra del faraón de Egipto y su pueblo, por su negativa de liberar a los hijos de Israel. Fue la más dura de todas. Cobró con las vidas de los primogénitos egipcios. Al día siguiente empezaba la Fiesta de los Panes sin Levadura. Duraba una semana. Pero los israelitas partieron de Egipto y no hubo tiempo para que subiera la masa. Con el fin de inmortalizar la aflicción de aquel día, el cordero del Pésaj se acompaña con un pan ácimo mezclado con hierbas amargas, que perpetúan la angustia en cada bocado.

En el momento en el que Jesús dio su vida y su sangre en sacrificio por los pecados del mundo, el cordero del Pésaj fue exonerado del catolicismo. Dirigió nuestra atención a la necesidad de purgar las faltas. El registro bíblico señala que la noche anterior a su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía. Durante la Última Cena les ordenó: “Haced esto en conmemoración mía”. Aquéllos que reconocen a Jesús como el verdadero Cordero de Pascua, han aceptado el mérito de su sangre. Bajo este mandato compartimos el pan —que representa el cuerpo de Cristo— y el vino —que representa su sangre—.

La primera luna llena del primer mes de primavera sincronizaba el Pésaj y la Pascua del Señor.  A mediados del siglo II, la fiesta pascual del cristianismo se estableció y aceptó por los fieles. Fue complicado establecer una fecha precisa. La Iglesia oriental observaba la cena según las escrituras hebreas y la conmemoraba el día 14 de Nisán. La Iglesia occidental implantó el domingo de Pascua como el día de la resurrección anual, sin tomar en cuenta el Éxodo. Para resolver el problema, el emperador Constantino convocó el Concilio de Nicea en el año 325 d.C. Luego de una larga disputa, trasladaron la conmemoración al domingo posterior a la festividad Judía. El Viernes Santo y el día de la Pascua se celebraron por separado en Jerusalén, hasta finales del siglo IV. Actualmente, la Iglesia católica mantiene un carácter móvil de la fecha y procura que no coincida con el Pésaj.

La humanidad ha presenciado festividades sagradas a lo largo de la historia. Sincretismos profanos de múltiples culturas. Costumbres paganas que han sido modificadas para adaptarse a la santidad. La Pascua reúne tradiciones no relatadas de las religiones paganas que asocian a la fe cristiana y al judaísmo. El triunfo de vida sobre la muerte. El fin y renacimiento.

 

 

 

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