El mate

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Dore Ferriz 26/01/2014 00:44
El mate

Cuando los españoles llegaron a América descubrieron un “Nuevo Mundo”. Distinto a sus costumbres. A sus creencias. Se encontraron con otro tipo de cosechas. Descubrieron que tras la alimentación se escondía un argumento, un médico... una cortesía espiritual.

Además del jitomate, el café, el chocolate, el azúcar... estaba la hierba mate. Y claro está, aprendieron a beberla. Porque era más fácil alimentarse con los vegetales existentes, que cultivar nuevas especies... Pero no dejaba de ser una hierba. Hubo miedo, inquisición. ¿Cómo justificar el aprovechamiento de un árbol aborigen? La ignorancia le concedió propiedades maléficas. Así que, como muchos otros alimentos prehispánicos, tuvo que ser enjuiciado por el diablo antes de ser dictaminado por Dios. Su consumo llegó a ser motivo suficiente de castigos y excomunión, extendiendo sus alcances a su uso público o privado. La Iglesia sostenía que una infusión hecha con raíces de “hierbas” era la “ruina de esas tierras”. ¡Porque claro! Para tomarlo se necesita un tiempito... relajación. ¡Un estado de ánimo muy impertinente para las extenuantes horas laborales! Entonces, ¿quién tomaba mate? Obviamente los flojos, holgazanes. ¿Qué más les daba 20 minutos? Si ni siquiera había tanta demanda... ¿Qué habrá sido más profano?

En fin, según los diferentes relatos de la conquista, los indios guaraníes se transportaban con zurrones (unas pequeñas bolsas de cuero) donde almacenaban las hojas de yerba mate trituradas y tostadas. Algunas veces las masticaban. Otras, las colocaban en una jícara con agua y sorbían, usando sus dientes como filtro o por medio de un canuto de caña. Según los españoles estas hojas les daban mayor resistencia para las largas marchas o en las labores diarias. Entonces insisto, ¿cuál era su problema?

Finalmente, Dios ganó. Los colonizadores terminaron por ceder a su carácter. Y hasta hicieron el bernegal. Un recipiente tipo pocillo, con la circunferencia más amplia. De ahí bebían, con la ayuda de una cuchara con orificios que les servía para colar. Aunque el método suena más acorde al protocolo español ¡nada como un mate en jícara! Eso sí, la cuchara fue una gran idea.

Con el avance de la ciencia son cada vez más las propiedades asignadas al mate. Se ha demostrado que es rico en polifenoles. Una sustancia que contribuye decisivamente en el estrés oxidativo del organismo. Su acción antioxidante puede liberarnos del cáncer, problemas cardiovasculares o neurodegenerativos. Un superpoder que insurrecciona las defensas en el organismo, protegiéndolo de la destrucción celular. Además desintoxica a la sangre del colesterol.

También contiene mateína. Un compuesto alcaloide, idéntico a la cafeína. Son la misma molécula. Así que incrementa la energía molecular y ayuda a tener una mejor concentración. Hay más resistencia al cansancio y, por consecuencia, renueva notablemente el estado de ánimo.

Así mismo, aporta al organismo minerales esenciales. Sodio, potasio, magnesio y manganeso. Tonificantes musculares que evitan la acumulación de ácido láctico y, por lo tanto,reducen los dolores musculares causados por el ejercicio. Además contiene vitaminas B1, B2, C, A, caroteno, colina, riboflavina, ácido pantotenico, inositol y 15 aminoácidos.

... A pesar de haber sido sentenciado a Belcebú, su ingesta compromete todo lo contrario.

La naturaleza y la alimentación fueron un eterno eclipse. La bondad emanada de la tierra logró curar las enfermedades y dolencias de la fragilidad del cuerpo. La profundidad inmaterial, que encierra el ecosistema, siempre le ha brindado sanación a lo somático.

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