Petróleo con impacto geopolítico

El efecto del cambio en los patrones de producción y consumo energético es parte de los ejercicios de política y estrategia mundiales y, en ese sentido, los mexicanos y nuestro aparato político como un todo debemos estar al tanto de las consecuencias.

COMPARTIR 
Columnista invitado nacional 30/12/2013 00:00
Petróleo con impacto geopolítico

José Carreño Figueras*

Muy al margen de la Reforma Energética lograda en principio por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, el petróleo del Golfo de México tiene un impacto geopolítico con alcances que una muy mal preparada sociedad mexicana apenas tiene idea.

El efecto del cambio en los patrones de producción y consumo energético es parte de los ejercicios de política y estrategia mundiales y, en ese sentido, los mexicanos y nuestro aparato político como un todo debemos estar al tanto de las consecuencias, sin importar cuál sea la postura en torno a la legalidad de permitir la entrada de capital privado y/o externo a la explotación de los recursos bajo el lecho marino.

La realidad es que los cambios van a ocurrir, con la participación mexicana o sin ella, aunque al mismo tiempo es una oportunidad histórica.

Por un lado, Estados Unidos busca la autosuficiencia y la obtendrá con creces antes de que termine la década. De hecho, las expectativas son de que estén en posición de convertirse en un exportador neto antes de 2020, y ya lo son en términos de gas natural.

En este momento, el debate en Estados Unidos es menor respecto a si va a ser autosuficiente, que en los problemas que la exportación puede provocar en los mercados domésticos.

De hecho, la ascensión del senador Ron Wyden a la presidencia del influyente Comité de Comercio de la Cámara alta del Congreso estadunidense —el moderado Max Baucus fue nombrado embajador en China Popular— provoca algunas preocupaciones ante su manifiesto interés en proteger, sobre todo, el mercado doméstico.

Estados Unidos está preparado, de hecho, para exportar gas natural a Europa y Asia. Ya lo hace a México: hay tres enormes gasoductos que cruzan la frontera hacia regiones de consumo en el norte y el noroeste del país.

Canadá es tradicionalmente un exportador neto y, de hecho, uno que debe considerarse como parte del mercado estadunidense.

De acuerdo con un reciente artículo en la revista Foreign Policy, la situación de México es muy complicada: por un lado es un exportador, pero por otro es un importador de productos petroleros, que envía al exterior más de un millón de barriles diarios de crudo, pero está obligado a importar casi la mitad en productos refinados.

“La disminuida producción mexicana ha forzado a la industria energética estadunidense a ver al (oleoducto) Keystone como un proveedor alternativo”, destacó la revista.

Ese ducto, condenado por grupos ambientalistas, lleva crudo pesado de los yacimientos arenosos de la norteña provincia canadiense de Alberta a las refinerías en Texas.

La misma situación que origina oposición a la explotación petrolera estadunidense, el fracking —la inyección de agua para extraer gas—, provocó ya la creación de un grupo mexicano en contra del uso de esa técnica, que es considerada muy contaminante.

El punto curioso, y en buena medida preocupante, es que sin importar lo que ocurra, si la Reforma Energética mexicana tiene éxito o si es detenida por sus opositores, los beneficiarios últimos serán intereses externos —peor aún, quizá más en el segundo caso, porque los recursos que podrían llegar a México irán a otros destinos—.

El otro punto curioso es que, con y sin la participación de México, la autosuficiencia estadunidense puede crear un reacomodo mundial de posiciones geopolíticas.

La producción petrolera de Oriente Medio seguirá siendo económicamente importante, pero perderá relevancia en lo geopolítico y lo estratégico. Los países árabes parecen conscientes y han creado enormes fondos de inversión y promovido políticas educativas más que importantes, aun dentro y pese a los marcos de algunas creencias islámicas: Arabia Saudita abrió sus universidades a las mujeres, aunque todavía les prohíbe manejar, por ejemplo.

Las exportaciones de la región norteamericana —con o sin México— pueden cambiar la relación estratégica entre Rusia y Europa, afectar la manera en que Moscú trata de formular su actual área de influencia y la política europea hacia el este.

El juego geopolítico en Asia tendría un impacto también: Japón y Corea del Sur podrían prescindir del crudo árabe, aunque a cambio de incrementar su ya profundo vínculo con  Estados Unidos. China misma podría convertirse en consumidora del energético norteamericano.

En América Latina, Venezuela enfrenta el mismo problema que México. Su principal cliente, Estados Unidos, se convertirá en su competidor. Argentina y Brasil pueden sentir también la presión de las exportaciones norteamericanas y, de hecho, la exploración y explotación brasileña pueden sufrir por la eventual competencia mexicana.

En principio, el éxito de la Reforma Energética en México marcaría la voluntad real de ser parte del juego, no mantenerse al margen. El flujo de recursos podría ser importante, aunque la amplitud y la profundidad de su efecto dependerán en mucho de la forma en que se desarrollen las regulaciones, los organismos encargados de supervisarlas y, sobre todo, la vigilancia de la sociedad.

El triunfo de la oposición, aunque democrático, no sería necesariamente en beneficio del país, ni siquiera de sus promotores que, por otra parte, al futuro podrían verse acusados de haber provocado la pérdida de una oportunidad.

                *Periodista

                jose.carreno@gimm.com.mx

Comparte esta entrada

Comentarios