Las elecciones en Afganistán

La nación islámica ha sido motivo de disputa entre grandes potencias.

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Columnista invitado Global 05/04/2014 00:00
Las elecciones en Afganistán

Rina Mussali*

Hablar de Afganistán es abrir la caja de pandora: uno de los países más pobres y complejos del mundo. Empezando por su posición geográfica y apuntando hacia su historia, cultura y fragmentación social, resulta difícil desmenuzar al país afgano. La nación islámica ha sido motivo de disputa entre grandes potencias por su posición geoestratégica y por la oposición que enfrenta de distintos grupos tribales que conviven a lo largo y ancho de su territorio; la política que no se puede entender sin el juego de las etnias.

Pese a los enormes esfuerzos por solidificar al Estado, Afganistán es una nación atomizada y carente de los pilares fundamentales del entramado institucional; disfuncionalidad que surge debido a la confederación de tribus que tienen como base a figuras de fuerte arraigo local —los llamados “señores de la guerra”—, quienes han permitido en mayor o menor medida florecer los negocios lucrativos de la corrupción y el contrabando de drogas.

En este juego perverso, en donde Afganistán se ha convertido en la capital de la producción mundial del opio, EU también es actor protagónico. Las cifras advierten que la producción del opio se disparó inmediatamente después de la expulsión de los talibanes y prosperó bajo la ocupación estadunidense, iniciando una lucha por el control estratégico de las rutas de las drogas. Según datos arrojados por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) el año pasado, desde 2002 hasta 2013 las áreas destinadas al cultivo de opio casi se triplicaron.

La estructura actual de Afganistán no encuentra lugar sin los talibanes y el factor “Pakistán”. El doble juego de Islamabad desató la furia y desconfianza de Washington por lucir más comprometido con una agenda islamista, que con un proyecto democrático estilo occidental, apoyando a este movimiento fundamentalista que gobernó al país afgano de 1996 al 2001 y que ahora se consolidó como la principal fuerza insurgente. Por ello no debemos sacar del radar que los talibanes portan el nacionalismo de la etnia pastún; grupo tribal dividido en su mayoría entre Afganistán y Pakistán, el cual tiene como anhelo supremo construir su propia nación.

En 2014 se juega el primer traspaso democrático de Afganistán con los comicios del 5 de abril; evento que pretende sellar la transición política para sacar al país islámico del espasmo en el que se encuentra y darle salida a la penosa estancia de tropas de EU y la OTAN. El presidente Hamid Karzai, quien cumplirá 13 años en el poder, no podrá postularse para un tercer mandato y ahora el duelo se destaza entre 11 candidatos, incluido Quayum Karzai, hermano menor del presidente, quien recientemente declinó su candidatura para favorecer a Zalmai Rassoul, exministro de Relaciones Exteriores. No obstante, las encuestas colocan a Abdullah Abdullah, de la Coalición Nacional de Afganistán y candidato opositor al gobierno de Karzai, junto con Ashraf Ghani, exministro de Finanzas y quien trabajó en el Banco Mundial, como los dos candidatos de mayor influencia.

En un contexto donde los nombres de los candidatos tienen más peso que los partidos políticos, se espera la celebración de una segunda vuelta electoral ante la posibilidad de que ningún candidato supere el 50% del voto en el primer rally electoral. La prolongación para elegir a un nuevo presidente aletargará aún más la ecuación del futuro del país y el papel que desempeñará EU después del retiro de tropas en 2014, ante el rechazo de Hamid Karzai de firmar el Tratado de Seguridad Bilateral (BSA, por sus siglas en inglés). Una vez que EU salga de Afganistán, ¿se desatarán los demonios del caos y arreciará la guerra civil?

¿Quedará congelada la reconciliación nacional?

La próxima cita electoral será un reflejo de los errores de Washington en Afganistán y de su guerra más larga en la historia. Los estadunidenses han tenido que degradar sus objetivos una y otra vez ante la falta de comprensión del país ocupado y de la enorme complejidad afgana. Las lecciones históricas nos señalan que, en Afganistán ni británicos, soviéticos y estadunidenses han logrado imponer su dominio y hegemonía; siendo en esta tierra donde fueron abatidas las dos superpotencias de la Guerra Fría.

*Conductora y analista en el Canal del Congreso

@RinaMussali / rinamussali.com

 

 

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