El TLCAN cumple veinte años

El acuerdo ha sido crucial en consolidar las reformas liberales emprendidas en México desde la década de los años ochenta.

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Columnista invitado Global 02/01/2014 00:52
El TLCAN cumple veinte años

José Manuel Suárez Mier*

Han pasado dos décadas desde que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y a pesar de la propaganda negativa que le siguen haciendo los enemigos habituales del libre comercio, como el vehículo idóneo para alentar el desarrollo económico, sus beneficios están  a la vista.

Como sé que otros analistas harán un recuento cuantitativo de los logros del TLCAN, me ahorraré la repetición de los números de cómo creció el comercio en la zona, qué flujos de inversión generó o cuántos empleos se le pueden atribuir, y me concentraré en discutir su situación actual y perspectivas.

El TLCAN es mucho más que un simple acuerdo comercial. Es un proyecto geopolítico de enorme importancia estratégica para la región pues le permite potenciar la complementaria dotación de recursos naturales y humanos de los tres países, abatir costos de transacción y elevar su competitividad conjunta.

Lamentablemente, México no logró crecer con mayor celeridad desde que el TLCAN entró en vigor, pero ello no puede atribuírsele a este arreglo comercial sino a las fallas de tres gobiernos consecutivos en aprobar reformas económicas e institucionales que permitieran elevar la productividad de la mano de obra.

Esta falla, que felizmente se está corrigiendo con las reformas emprendidas desde la elección del presidente Enrique Peña Nieto, primero en cooperación con el presidente saliente Felipe Calderón, y a continuación en su primer año de gobierno, sentará bases sólidas para un crecimiento acelerado y sostenido.

Ello nos debe acicatearnos a trabajar en mejorar el TLCAN en los aspectos en los que es claro que no se han hecho bien las cosas, que son esenciales para sacar mayores ventajas de nuestra integración regional:

1. La falta de inversión en infraestructura fronteriza para facilitar el comercio ha sido uno de los principales obstáculos a una mayor y mejor integración productiva, que se ha dado a pesar de que contamos con instalaciones anticuadas e insuficientes. Los retrasos en la línea salen carísimos.

Necesitamos invertir más recursos en construir nuevos puentes y carreteras; mejores y más rápidos ferrocarriles; puertos de carga capaces de recibir a los nuevos cargueros dimensionados para el ensanchado Canal de Panamá; aeropuertos de primer mundo como el binacional planeado en Tijuana-San Diego; y la prometida “frontera inteligente” que remplace a la barda que construye EU en su límite con México. El reto es crear una frontera perimetral alrededor de nuestros tres países segura y liberar así las fronteras interiores entre Estados Unidos, Canadá y México.

2. El cambio de las leyes en México y los avances tecnológicos que permiten explotar yacimientos de petróleo y gas que hasta hace poco no eran viables, permiten a Norteamérica alcanzar no sólo la suficiencia energética sino que dotan a la región de una ventaja comparativa de enorme importancia frente a otros bloques comerciales en Europa y Asia: petróleo y gas baratos para emprender el renacimiento industrial y exportar energéticos en gran escala.

Será necesario emprender grandes inversiones para explotar los ricos yacimientos mexicanos e integrar mejor los oleo y gasoductos de la región así como la red eléctrica, con lo que nuestro país pueda abatir el costo y elevar la calidad de sus insumos energéticos. Ello plantea un reto político a Estados Unidos que debe superar el estupor en el que se haya, autorizando finalmente la construcción del oleoducto Keystone proveniente de Canadá.

3. Emprender nuevas negociaciones comerciales como un bloque, como finalmente ya sucede con la Alianza Transpacífica, y como debe ocurrir con la Alianza Transatlántica de Comercio e Inversión (TPP y TTIP, por sus siglas en inglés, respectivamente) que negocia ahora Estados Unidos con la Unión Europea, cuando México ya tiene un acuerdo de libre comercio desde hace más de una década y Canadá acaba de ultimar el suyo.

4. Actuar también de manera coordinada en foros internacionales como el G20 y en instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de Estados Americanos.

5. El TLCAN ha sido crucial en consolidar las reformas liberales emprendidas en México desde la década de los años ochenta del siglo pasado y en impedir un retroceso que se hubiera dado por pura inercia burocrática, independientemente que la agenda reformista se hubiera atorado hasta ahora. Ha sido de la mayor importancia también en ofrecer un mejor Estado de Derecho al permitir que las disputas sobre los temas cubiertos por el TLCAN se puedan resolver en los juzgados de cualquiera de los tres países.

6. La cooperación en materia de seguridad se ha dado por muchos años entre EU y Canadá y con México el grado de colaboración no tiene precedente desde la adopción de la Iniciativa Mérida. Si bien éste no es un asunto vinculado directamente con el TLCAN, el no haber resuelto los problemas planteados por la nueva prioridad estadunidense desde los ataques terroristas de 2001, de proteger sus fronteras a toda costa, tenía el potencial de acabar con él. Si a ello se suma la violencia vinculada al narcotráfico en México, de drogas cuyo destino final es Estados Unidos, y finalmente se acepta la corresponsabilidad de ambos países, es necesario trabajar en conjunto para atender este fenómeno igual que otros y cambiantes retos a la seguridad del área, como los derivados de la próxima apertura a la navegación ártica y ataques a la seguridad cibernética.

7. Un gran tema para el futuro de Norteamérica debe ser la calidad de nuestro capital humano. La Reforma Educativa de Peña Nieto permite alentar la esperanza es que nuestro sistema educativo supere la atroz situación en la que hoy se encuentra, pero una más estrecha cooperación entre los tres países en esta materia sería muy deseable. Sólo Canadá sale bien parado en los exámenes que se aplican a los estudiantes de primaria y secundaria de los países miembros de la OCDE, con México en un patético y perene último lugar. El número de estudiantes mexicanos en las universidades de Canadá y Estados Unidos es también lamentablemente reducido.

8. Varios expertos han recomendado la adopción de un arancel externo común para de hecho transformar el área de libre comercio de Norteamérica en una unión aduanera, lo que permitiría abatir costos de transacción muy elevados a resultas de complejas reglas de origen que definen los bienes y servicios susceptibles de acogerse a las preferencias del TLCAN. Los beneficios serían muy substanciosos al eliminar engorrosos trámites burocráticos. Pero entrar en una unión aduanera implica también que Canadá y México tendrían que aceptar las excentricidades del Congreso de los Estados Unidos que adopta embargos comerciales con países que considera como enemigos, pero con los que Canadá y México mantienen relaciones diplomáticas y comerciales normales, como es el caso de Cuba.

9. Es necesario afinar los mecanismos de solución de controversias que han hecho que la solución de problemas se prolongue absurdamente, como fue el caso de los acuerdos de transporte carretero que no se hicieron efectivos sino hasta que México tomó represalias en sectores comerciales con buena capacidad de gestión política. Ese ha sido también el caso del azúcar, los jitomates y otros productos agrícolas cuya exportación se ve regularmente amenazada por los poderosos cabildeos de productores locales.

10. También resulta de la mayor importancia resolver temas que no se incluyeron en el TLCAN, como los migratorios, o que no se resolvieron bien, como los referentes a reglas que rigen subsidios, dumping, medidas antidumping, y los acuerdos paralelos en temas laborales y del medio ambiente.

Como se puede apreciar, aún en el contexto de mantener el TLCAN sin pasar a otros arreglos que vinculen a nuestros tres países más estrechamente, la agenda pendiente por hacer es muy voluminosa. Ello requerirá de la creación de instituciones trinacionales que, evitando caer en la extrema complejidad de la Unión Europea, permitan tener los foros y las instancias para atender los problemas cotidianos que demanda nuestro bloque comercial de Norteamérica.

*Economista Residente y Catedrático de la Escuela de Servicio Internacional de American University, en la ciudad de Washington D.C.

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