Un nuevo TLCAN para una nueva era

La realidad de un mundo cambiante nos exige replantear el Tratado.

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Columnista invitado Global 02/01/2014 00:36
Un nuevo TLCAN para una nueva era

Javier Treviño Cantú*

Al cumplirse 20 años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá, por una parte el balance de sus resultados es indudablemente positivo. En términos de su propósito original, como instrumento para impulsar los intercambios comerciales y la inversión entre los tres países, las cifras hablan por sí mismas: el comercio total se ha triplicado en estas dos décadas, superando el billón de dólares a partir de 2011. De ese total, prácticamente 50%, equivalente a más de 500 mil millones de dólares anuales (mmd), corresponde tan sólo al comercio entre México y Estados Unidos.

Con base en el TLCAN, entre 1993 y 2012 México se ha convertido en el tercer país exportador a Estados Unidos, y en el segundo importador mundial de productos estadunidenses. En especial, el TLCAN ha sido determinante para que 85% de nuestras exportaciones hoy sean bienes manufacturados (INEGI, Perfil de las empresas manufactureras de exportación, 17/12/2013). Así, las exportaciones manufactureras de México a Estados Unidos crecieron de unos 40 mmd en 1993, a más de 277 mmd en 2012, un incremento de casi 600%. A su vez, las importaciones mexicanas de productos manufacturados estadunidenses se elevaron de 41 mmd en 1993, a más de 216 mmd en 2012, un aumento de 420% (US CRS, NAFTA at 20, febrero 2013). Esto muestra uno de los efectos más trascendentes del TLCAN: México y Estados Unidos han pasado de ser meros socios comerciales, a contar con industrias y cadenas de suministro integradas, que producen bienes con alto valor agregado de manera conjunta (Christopher Wilson, Working Together, noviembre 2011).

Por otra parte, a pesar de su éxito relativo, el TLCAN se ha ido rezagando, debido tanto a los dramáticos cambios tecnológicos y geopolíticos que han ocurrido en estas dos décadas, como a la falta de voluntad política en las capitales de los tres países para actualizarlo. Pero, a pesar de ello, dos factores podrían estar a punto de cambiar fundamentalmente al TLCAN.

El primero tiene que ver con las negociaciones comerciales del Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico (TPP, por sus siglas en inglés), en las cuales participan los tres socios comerciales norteamericanos, y las que llevan en paralelo Estados Unidos y Canadá con la Unión Europea, para alcanzar el llamado TTIP en el caso estadunidense, y el CETA en el canadiense. De acuerdo con análisis oficiales, el TPP podría afectar las reglas y los compromisos sobre acceso de mercado que gobiernan el TLCAN (NAFTA at 20, p. 21-22). Además, México y la Unión Europea ya cuentan desde 2000 con su propio Acuerdo de Asociación Económica, mismo que también estaría siendo revisado. Por ello, en caso de que alguno de estos nuevos mecanismos entre en vigor, será indispensable “armonizar” el TLCAN para que se ajuste a las nuevas condiciones comerciales.

El segundo factor que estaría por hacer necesario un ajuste a fondo del TLCAN, es la revolución energética que está ocurriendo en América del Norte, y a la cual México ya podrá sumarse gracias a la reforma constitucional en esta materia que logramos concretar en diciembre.

A pesar de que originalmente México se reservó la inversión y prestación de servicios en áreas como exploración y explotación de petróleo crudo y gas natural, refinación, petroquímicos básicos y el servicio público de energía eléctrica, el capítulo seis del TLCAN estableció los principios para una liberación gradual del sector energético (Isidro Morales, The Energy Factor in Mexico-US Relations, 29/04/2011). Ahora, al dar paso mediante la reforma en nuestro país a la participación privada nacional e internacional, y considerando el elevado grado de integración energética que ya existe en América del Norte, quizás sería indispensable revisar dicho capítulo del
TLCAN para adecuarlo a la nueva realidad en este terreno estratégico.

Hace 20 años, el mundo había experimentado una gran transformación después de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría. El TLCAN fue, en buena medida, producto de esa circunstancia, y tuve la oportunidad de participar en su negociación como ministro de Información en la Embajada de México en Washington. Hoy, el mundo vuelve a cambiar profundamente como resultado de la gran revolución energética de América del Norte, y de nuevo he tenido el privilegio de contribuir a la transformación de México como secretario de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados.

A lo largo de estos años, he reafirmado mi visión de que, si bien el TLCAN ha sido un motor decisivo para el crecimiento de México, Estados Unidos y Canadá, la realidad de un mundo cambiante nos exige replantearlo con una visión objetiva, para fortalecerlo como base de una integración económica norteamericana que genere mayores beneficios tangibles para las sociedades de los tres países.

* Diputado del PRI y secretario de las comisiones de Energía, Hacienda y Crédito Público.

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