Una agenda energética norteamericana

El sector transporte representa un área de oportunidad para la cooperación.

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Columnista invitado Global 02/01/2014 00:33
Una agenda energética norteamericana

Isabel Studer*

Los avances en la Reforma Energética en México ofrecen una coyuntura propicia para impulsar una agenda de cooperación que inyecte dinamismo a la integración económica norteamericana que se formalizó con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte hace ya 20 años. Aunque hoy se habla de una revolución energética con el gas de lutitas, la verdadera revolución se dará con los cambios tecnológicos indispensables para transitar a modelos de crecimiento de bajo carbono. Considerando las barreras institucionales y políticas que enfrentan los tres países para reducir su dependencia de las energías fósiles de manera inmediata, los ejes estratégicos de dicha agenda deben ser la eficiencia energética para el corto y mediano plazos y el impulso a las energías renovables para el largo plazo.

El sector transporte representa un área de oportunidad enorme para la cooperación, considerando que más de 70% del comercio entre los tres países se lleva a cabo vía transporte terrestre. El sector es también una de las fuentes más importantes de emisiones GEI en los tres países de América del Norte y por tanto ofrece amplias oportunidades para adoptar programas que, al tiempo que mejoran la eficiencia y reducen dichas emisiones, mejoran la competitividad. En México ya se han tomado algunos pasos para avanzar hacia la armonización de estándares en materia de eficiencia de los combustibles que aplican tanto a los vehículos ligeros como a los vehículos pesados, pero existe una agenda pendiente muy vinculada a la disponibilidad de combustibles eficientes y de bajo contenido en azufre.

El desarrollo de proyectos de eficiencia energética en edificios y vivienda, así como en el sector industrial y particularmente en las pequeñas y medianas empresas, puede derivar en proyectos de cooperación tanto en la región fronteriza México-Estados Unidos como a nivel trinacional que redunden en la mejora de la productividad empresarial y el crecimiento económico de la región.

Aunque un sistema de emisiones de gases efecto invernadero (GEI) en América del Norte es poco probable, una vinculación informal de los sistemas existentes, por ejemplo a través de esquemas de compensación (offsets), podría redundar en una agenda ganar-ganar, mediante la cual México reduzca los costos de mitigación de GEI de las compañías estadunidenses y canadienses, al tiempo que obtiene el financiamiento necesario para la transición hacia una economía baja en carbono. El mercado de carbono de California está creando el ímpetu para la coordinación de políticas en este sentido.

La creación de un estándar regional de renovables que obligue a un porcentaje mínimo de estas energías y que acepte la generada fuera de los estados  o provincias que participen en este esquema podría beneficiar a los estados mexicanos que producen hidroelectricidad, eólica y solar y que comparten frontera con los Estados Unidos. Dicho estándar requeriría de la adopción de una definición de “energía renovable” que aplique para los tres países, a fin de evitar el “proteccionismo verde”, como ha sucedido con el caso de la hidroelectricidad que Canadá exporta a Estados Unidos.

Aunque México es competitivo en el desarrollo de energías renovables para la exportación a Estados Unidos, existen retos como la construcción de redes de transmisión en la frontera México-Estados Unidos. Un primer paso en este sentido es el permiso de la Casa Blanca a una subsidiaria de Sempra International para construir, operar, mantener y conectar una línea de transmisión eléctrica a través de la frontera México-Estados Unidos, lo cuál permitirá el suministro de electricidad de una granja eólica en México al mercado californiano.  El Banco de Desarrollo de América del Norte podría tener un papel central, pues ya cuenta con una experiencia importante en el financiamiento de infraestructura ambiental en la zona fronteriza que puede ser el punto de arranque de muchos de los proyectos binacionales o incluso trinacionales.

Refrendar el compromiso que los tres países han asumido en el marco de las cumbres del G20 para remover lo subsidios a las energías fósiles tendría un bajo costo político y podría servir en la vinculación de la agenda de América del Norte con la de la Cumbre del G20.  Si bien la introducción de un impuesto al carbón es una propuesta controvertida, sobre todo en Estados Unidos, México y varias provincias canadienses ya han adoptado esta política que puede contribuir a “nivelar” el terreno de juego y con ello mejorar el potencial de desarrollo de las energías renovables en la región.

Para el desarrollo de un sistema más robusto para la innovación y el capital humano que impulse la industria de las renovables, México puede aprovechar la existencia del Acuerdo Trilateral en Ciencia y Tecnología Energética, que fue revisado en 2007, que busca mejorar la seguridad energética mediante la cooperación en investigación y capacitación apoyando el desarrollo de tecnologías de energías renovables, energía nuclear, combustible de bajo carbón y captura de carbono, entre otras.

 

*Directora del Instituto Global para la Sostenibilidad-EGADE Business School Tecnológico de Monterrey

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