Reivindicar el mínimo: el reto

- Nadie puede sobrevivir con dignidad con 67 pesos diarios. Es indispensable que se analice un incremento gradual a esa remuneración.

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Columnista invitado Comunidad 24/08/2014 00:02
Reivindicar el mínimo: el reto

Por: Víctor Hugo Romo Guerra*

El salario mínimo actual es una verdadera aberración porque nadie puede sobrevivir con dignidad con 67 pesos diarios. Es indispensable que se analice con fundamento, prudencia, responsabilidad y objetividad un incremento gradual a esa remuneración y, al mismo tiempo, se despliegue una estrategia para  impulsar la productividad en el país.

Si ninguna familia mexicana viviera del salario mínimo no habría nada que discutir, pero resulta que México es el único país de la región donde el valor del salario mínimo es inferior al umbral de la pobreza per cápita.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), 14% de los asalariados en México recibe un ingreso similar o inferior al salario mínimo, a la Ciudad de México corresponde aproximadamente 9%, en tanto, unos cinco millones de personas reciben el salario mínimo como pago por sus servicios laborales.

Si a esto añadimos que cerca de 40% de nuestros trabajadores ganan entre dos y tres salarios mínimos, podremos inferir por qué hay más de 50 millones de mexicanos en la pobreza.

Respecto a la paridad del poder adquisitivo, el salario mínimo en México es casi dos veces menor que el salario mínimo en Brasil, Perú, Honduras, El Salvador, Trinidad y Tobago, Venezuela y Uruguay. Inferior, además, al de Haití, Colombia y al de otros países como Turquía, Estonia, Hungría y República Checa.

De hecho, el salario mínimo actual es anticonstitucional porque contraviene el espíritu de la Carta Magna, cuyo artículo 123, fracción VI, establece: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”.

A nadie con un salario mínimo le alcanza para mantener la educación de una persona, ya no se diga de dos o más hijos y menos para solventar sus necesidades mínimas materiales, sociales y culturales. 

En México, la llamada pobreza extrema o miseria no sólo la ha provocado la falta de fuentes de empleo, también la ocasiona la carencia de una política salarial sostenida y equilibrada por los gobiernos que se autodenominan “modernizadores” de los últimos 30 años y que han arrojado un crecimiento infame de la economía en los pasados 20 años.

Hoy, todos los actores políticos —salvo el sector empresarial— asumen que es indispensable entrarle a debatir la propuesta del jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, de un aumento gradual al salario mínimo en nuestro país sin un sesgo populista, no sólo porque el dinero no le alcanza a los mexicanos para cubrir sus necesidades básicas, también, y fundamentalmente, porque es discriminatorio que millones de mexicanos reciban un inefable salario mínimo por su trabajo.

Todos los actores económicos debemos estar muy pendientes de la propuesta que haga el doctor Mancera —en los próximos días— para fortalecer el salario mínimo. Lo esencial es desvincularlo de las disposiciones normativas a las que está sujeto, fortalecer la productividad y, sobre todo, lograr un impacto positivo en el poder adquisitivo de los trabajadores, al margen de intereses y posturas políticas. El reto está en curso. 

*Jefe delegacional en Miguel Hidalgo

 

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