¿Un frente político en el DF sólo por la alternancia?

COMPARTIR 
Columnista invitado Comunidad 23/08/2014 00:09
¿Un frente político en el DF sólo por la alternancia?

Por: Lorena Villavicencio

He seguido los pasos y las definiciones del actual presidente del PRI en la capital, por una sencilla razón, porque estoy convencida de que el PRI tiene una gran oportunidad de crecimiento y presencia en el Distrito Federal en la próxima contienda electoral de 2015, siempre y cuando, logre desvincularse categóricamente de un personaje que poco contribuye a la civilidad y la vida política de la ciudad, cuyo nombre todos conocen.

Pero imaginemos que el expediente del expresidente del PRI en el Distrito Federal está por cerrarse, con un sanción ejemplar, entonces sí estamos frente a una oportunidad única que no se puede desperdiciar, más aun cuando el partido político que gobierna desde 1997 puede sufrir un verdadero descalabro. En primer lugar por la decisión de Andrés Manuel López Obrador de erigir un nuevo partido político, Morena, para despojar al PRD de su militancia y representación como el partido de izquierda más importante del país. Venganza institucionalizada que afectará fundamentalmente al PRD en las entidades que gobierna, como el Distrito Federal.  Y sobre todo en la capital donde la mayor parte de los programas sociales (federales y locales) están claramente identificados indebidamente con Lopez Obrador, porque él, durante su gobierno, acudió a instrumentarlos colonia por colonia  personalmente, y los ofertó tres años como su gran  aportación, sobra decir que su principal bandera fue el programa universal de apoyo con una pensión a los adultos mayores, el cual impactó tanto que hasta la fecha le sigue redituando políticamente, aún cuando este programa esté implantado en todo el país. Me atrevería a decir que es un programa que está íntimamente relacionado a López Obrador, es casi una extensión de sí mismo.

A la división y la identificación de López Obrador con los programas sociales, se suma el desaliento y enojo que han provocado algunas de las decisiones del actual jefe de Gobierno que afectan a la mayoría de los ciudadanos con ingresos medios y bajos, como el aumento de la tarifa del Metro, las restricciones para el tránsito de vehículos con el Programa  del Hoy no Circula, el cual es discriminatorio por afectar a quienes no pueden renovar sus vehículos, que son la mayoría, y porque no resuelve el problema de la contaminación. Y si le sumamos el grave escándalo de la Línea 12 del Metro que además de tratarse de uno de los capítulos más graves de opacidad en el uso de recursos públicos, lo cual representa un verdadero desfalco multimillonario de las finanzas públicas del  Distrito Federal, afecta gravemente  a  miles de ciudadanos —más de medio millón de usuarios—, sin acceso a un medio de transporte alternativo eficaz y además muestra la crudeza de una lucha descarnada por el poder entre el actual jefe de Gobierno y su promotor, Marcelo Ebrard Casaubon.

Y desde luego, como la perla de la corona del festín de la división y el desencanto, están la mayoría de los gobiernos perredistas de la delegaciones, donde la corrupción, el moche, el diezmo, es la moneda de cambio con la que interactúan todos los días con los ciudadanos. No hay un sólo trámite, licencia, intervención de las autoridades delegacionales que no signifique un gran negocio para sus titulares. Todo se cobra, hasta la atención gubernamental. El dinero mal habido mueve al Distrito Federal. Quienes lo aportan pueden no sólo tener acceso a usos de suelo en áreas naturales o restringidas, o promover la urbanización desmedida en zonas donde que no tienen la factibilidad los servicios públicos, el agua es escasa y no cuentan con la infraestructura pública adecuada. La llave de la aportación “voluntaria” te hace acreedor de contratos multimillonarios asignados como la Línea 12 del Metro o de permisos administrativos temporales revocables que son otorgados de manera discrecional donde lo que se usufructúa es el patrimonio de la ciudad, como los famosos parquímetros o los centros de transferencia multimodal.

En eso se ha convertido el Distrito Federal, una ciudad en proceso de descomposición por la falta de alternancia. Una ciudad convertida en un botín por la falta de controles fiscalizadores y contrapesos institucionales en la mayoría de las delegaciones... una ciudad sometida por sus prácticas clientelares que mantienen como rehenes a los ciudadanos beneficiarios de los programas sociales.

Sin duda y a pesar de las aportaciones que hizo y ha hecho el PRD al Distrito Federal, el PRD merece perder por los muchos abusos en los que ha incurrido, empezando por su escasa vocación a favor de la pluralidad. Una defensa pálida de la Reforma Política es el único gesto que hemos visto del actual jefe de Gobierno, en la más absoluta de las soledades. Nunca vimos un PRD firme y actuante como sabía serlo en sus primeros años de vida, debatiendo en las aulas, las Cámaras, hasta lograr la Reforma Política del Distrito Federal. Quizá porque aprendieron  la máxima perversa de que a la democracia se aspira sólo para alcanzar el gobierno, no para preservarlo.

Desde luego que la respuesta de los ciudadanos a este grave proceso de descomposición institucional en que se encuentra la Ciudad de México, es la alternancia.  Pero no una alternancia sin adjetivos, como la plantea el presidente del PRI. No se trata de que llegue otro partido político a ocupar la plaza, como una simple sustitución. El reto de la alternancia está en los contenidos y compromisos que la sostienen, donde la palabra dada tiene que construirse sobre una nueva narrativa para el Distrito Federal que incluya una  posición clara sobre temas que atentan contra la libertad y derechos de los ciudadanos como es el clientelismo, o contra la pluralidad o diversidad de opiniones por la ausencia de cabildos  en las delegaciones, contra la transparencia por la opacidad en el uso de recursos públicos por falta de controles u órganos autónomos de fiscalización, contra el crecimiento desordenado de la ciudad por el gran negocio que se ha hecho con los usos de suelo, contra la vida digna que merecemos los ciudadanos por la carencia de servicios públicos de calidad y de un gobierno que instrumente políticas de reconciliación con el agua y el medio ambiente,  y no sancionando a los pobres que no pueden renovar sus vehículos, sino a los grandes contaminadores como son las industrias y la basura, son algunos de los contenidos que debería incluir una agenda por la alternancia en el Distrito Federal, la cual restringe necesariamente el universo de posibles aliados. Me parece que darle contenidos a una alianza obliga a dos partidos fundamentalmente a pactarla, al PAN y al PRI, apoyados por el Verde y el Panal. Hacer una alianza del PAN o PRI con el PRD sería quitarle el poder al ciudadano para premiar o castigar a quienes hoy gobiernan la ciudad.

Le llegó la hora a los gobiernos del PRD en el DF, de enfrentar el juicio de los ciudadanos en la elección 2015, donde muchos ya nos preguntamos dónde quedó el primero los pobres, en qué corruptelas está fincada la ciudad de la vanguardia  y cuántos ciudadanos quedaron excluidos de la Ciudad para Todos que enarboló Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y que hoy prácticamente sólo gobierna para una gran clientela a la que el PRD seguramente le apostará todo para mantener los  feudos en que ha convertido a la mayoría de las delegaciones.

Lástima que no fueron sólidos los cimientos, que extraviaron sus causas y la vocación transformadora, y ganaron los intereses mezquinos y la ambición desbordada.

Ahora les corresponde a PRI, PAN, Verde y Panal construir la gran alternativa para el Distrito Federal. Espero que logren vencer todas las resistencias internas para que se presenten juntos en las urnas, con candidatas y candidatos creíbles, representativos, trabajadores, capaces y sobre todo comprometidos con las causas de quienes aspiramos tener una ciudad amable, habitable y respetuosa de sus habitantes y de sus derechos. Ni más ni menos.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red