A la saga de la madre Pascualina

Sobre el sufrimiento de mujeres y hombres han tenido que fingir, mentir y seguir predicando “verdades”...

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Clara Scherer 06/06/2014 01:51
A la saga de la madre Pascualina

Pocas personas saben quién fue. Fácil resumir en pocas palabras la vida de casi cualquier mujer. Más, la de ésta, a pesar de haber sido muy larga, 89 años: fue quien acompañó al papa Eugenio Pacelli, Pío XII, durante 40 años. La única mujer que ha estado en un Cónclave Papal. La historia oficial la describe como “ama de llaves” y, las malas lenguas, como el poder tras el trono (del Papa, nada más y nada menos).

Dicen de Pascualina: “Pero la monja a la que Eugenio Pacelli otorgó toda su confianza fue mucho más que un ama de llaves: fue también secretaria y confidente, fue la organizadora y gobernadora indiscutible del entorno del Papa, sólo que, imbuida de un sentido sobrenatural de las cosas, nunca abusó de esta circunstancia ventajosa. Y ello en medio de un mundillo donde el carrierismo es una tentación cotidiana”. Se olvida el autor de que las mujeres, en ese mundillo, ¡no podemos aspirar a nada!

A saber, si esta mujer hubiera firmado la carta que han publicado en Italia 26 valientes mujeres, pidiendo al papa Francisco que revise el mandato del celibato. Ellas, las 26, están enamoradas y sufren por tener que ocultar sus pasiones. El Papa ya afirmó que el celibato es una tradición, no un dogma.

Será como él dice, pero ni duda hay de que, sobre esa tradición, la Iglesia católica acumuló millones de millones de euros, pesos y dólares. Sobre ese sufrimiento de mujeres y de hombres han tenido que fingir, mentir y seguir predicando “verdades”.

Al parecer, muy pocos de los que se han enamorado tuvieron el valor de colgar los hábitos. Muy poquitos prodigaron cuidados y afecto a sus hijas e hijos a escondidas. Una ínfima parte decidió no transitar por las veredas de la hipocresía y rompieron con su corazón y el de su amada. Abandonaron la pasión y vivieron, seguramente, con dolor. Nada nuevo, la Iglesia se ha sostenido en mentiras, abusos y sufrimiento de todos los tamaños, colores y sabores. No hay que dudar que también ha tenido hombres de palabra, pero al parecer son los menos.

Según los que saben, esta historia comenzó desde el siglo IV, en el Concilio de Elvira y se reiteró en 1123, siendo obligatorio hasta el Concilio de Trento, en 1545. Desde entonces, las discusiones en torno al tema no han parado, a veces virulentas; a veces, sólo un murmullo.

El papa Francisco ha dicho que cuando alguno de sus colegas le confesaba sus “bajas pasiones”, él les recomendaba tomar una decisión firme, clara y transparente: dejar la Iglesia o abandonar a la enamorada. Por lo poco que se puede saber, casi nadie le hizo caso.

Finalmente, lo que ha quedado en claro es que, por más que quieran cambiar eso llamado “naturaleza humana”, no es posible. Y en esa “naturaleza humana” lo que no debe permitirse, bajo ningún concepto, es el abuso de poder.

Volviendo a Pascualina, sobre su tumba hay un letrero que dice: “Mujer de valor, ¿quién la hallará? Raro y extremado es su precio”. ¡Uf!

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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