Para reflexionar en medio de la risa

COMPARTIR 
Clara Scherer 30/05/2014 05:07
Para reflexionar en medio de la risa

Cuando un hecho real es narrado, sucede que por más que quien lo vive y desee la objetividad, su “inconsciente lo traiciona”. Esto lo hemos vivido todas y todos. La diferencia para decidir “la verdad” de lo vivido está en “las pruebas” (o, al menos, eso dicen). También se ha demostrado que quien tiene el poder, tiene “la verdad”.

Una escena muy común: un jefe con su empleada. ¿Qué intenciones tiene uno y otra? El trabajo es más bien un pretexto. Las emociones, de una y otro, marcan todos los acontecimientos de esta obra que se realiza en un sólo acto. Y están magistralmente actuados. El público los percibe sin problema. Grandes actores, ella y él.

Sucede en un sólo día, en un sólo lugar: la oficina del director. Lo sabemos gracias a la escenografía, que con un video marca el paso del tiempo y del clima, y subraya las emocione, al ambientar cada palabra, cada gesto y cada estado de ánimo.

Una mujer, un hombre. Cada uno con su historia a cuestas, cada uno con sus ilusiones y desilusiones, tomando decisiones que impactan su vida, que trastornan sus deseos. Impresionante concentración de pasados, presentes y futuros. ¿Quién lo dijera? Un sólo día, como otro cualquiera, puede tomarnos por sorpresa.

La sexualidad, esa entrañable y extraña sombra que nos acompaña todos los minutos de nuestra vida, es uno de los temas. Las perspectivas sobre ella, múltiples. Para pensarlas y darnos un informe sobre nosotras/os mismas/os. Y sí, en medio de tantas apariencias, reírnos de nuestros, casi siempre, confusos deseos.

Los cuerpos, las sensibilidades, los pensamientos, las emociones, puestos en juego para ¿triunfar en la vida?, ¿morir con dignidad?, ¿acompañar nuestra soledad? La inteligencia puesta al servicio de la búsqueda de sentido a nuestras vidas, donde, ni duda, el poder tiene un lugar preponderante.

Hoy que la perspectiva de género está en todos los escritorios burocráticos, habría que ver Testosterona, de Sabina Berman, para entender que no es cuestión fácil incluir mujeres en los programas, que no es una operación mecánica el “juzgar con perspectiva de género”, que es urgente reconocer la humanidad de las mujeres: tan cargadas de ambición, de malos deseos, de necesidad de reconocimiento, como cualquier hombre.

Testosterona, una obra de teatro que cumple con los objetivos de una excelente puesta en escena: mostrar esa realidad, cada día afortunadamente más frecuente, del arribo de mujeres a puestos de toma de decisiones, sin concesiones, moralejas o prejuicios. Ellas y ellos, como diría Nietzsche, “humanos, demasiado humanos”.

El poder, verbo auxiliar, objetivo central en la vida de los seres humanos, requiere revisarse. Las mujeres ya no agachan la cabeza, como dicen que lo hacían antes. Los hombres ya no esperan que con un grito la realidad se alinee. Las triquiñuelas, los chantajes, las traiciones y los golpes bajos ameritan una revisión ética, con la luz de la igualdad.

Refrescante ir al Foro Chapultepec para hacer que las neuronas cumplan con su función y la risa nos devuelva el optimismo. Los problemas múltiples ahí siguen, pero al menos, nuestra vida toma por un rato, otro color.

        *Licenciada en pedagogía
            y especialista en estudios de género

            clarasch18@hotmail.com

Comparte esta entrada

Comentarios