Informe contra mí misma

La vida, que siempre es generosa y da nuevas oportunidades, me ha permitido regresar al Conalep.

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Clara Scherer 18/04/2014 00:34
Informe contra mí misma

Desde que leí el libro de Eliseo Alberto con ese título (por supuesto, en masculino) supe que esa era una tarea pendiente para mí. Es más, creo que es un quehacer obligatorio para todas y todos.

Este no es el espacio más que para una muy pequeña confesión de mis muchos errores. Pero es suficiente para narrar uno que me parece de la mayor importancia. No es mi pretensión hacerlo con la buena prosa de Eliseo. Lo importante en este caso es la reflexión, no el estilo. Eran los años finales de la década de los 70. Se decretó la creación del Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, Conalep. Fui contratada para colaborar en el diseño de planes y programas de estudio. Fue una gran oportunidad para iniciar mi vida laboral. El director fundador era el ingeniero José Antonio Padilla Segura, hombre inteligente, audaz y gran político. El Conalep existe gracias a su tenacidad y empeño. Sabíamos que el reto era mayúsculo y pusimos lo mejor de nuestras capacidades para lograr el objetivo.

El sistema creció rápidamente. En el primer año de operación había ya cuatro planteles con diez carreras. Los directores, todos hombres, decidieron fortalecer la estructura. Crearon diez coordinaciones. Sólo en dos había mujeres. Nos dijeron que ganaríamos menos que los otros por eso, ser mujeres.

Es decir, el ambiente era muy masculino. ¿Quién pensaría, en los años 70, que las carreras técnicas, enfocadas al desarrollo industrial, podían ser opción para las mujeres? En el Conalep a nadie se le ocurrió. La terca realidad en el primer semestre de operación nos dio una lección. Había casi tantas mujeres como hombres inscritas en carreras muy varoniles (eso creíamos).

Todo, desde las carreras hasta los reglamentos, se pensaron, diseñaron y realizaron creyendo que sólo los hombres serían alumnos. Increíble, pero cierto. Y lo peor es darnos cuenta de que todos los diversos subsistemas de educación media superior están diseñados a la medida de los hombres. Las mujeres, que se acomoden como mejor puedan. La vida, que siempre es generosa y da nuevas oportunidades, me ha permitido regresar al Conalep. Y veo la catástrofe que ha sido para las niñas estar en sistemas tan masculinos, sin dejar de reconocer que, a pesar de ello, eso es mejor a que no se les hubiera permitido ingresar. ¿Por qué no pensamos en ellas?

Las consecuencias son muy graves: violencia, embarazos, enfermedades de transmisión sexual, hostigamiento y acoso, explotación laboral. No, no es nada menor el daño social causado por no entender que la igualdad debe construirse en la diferencia y que, ya lo dijo Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno (de las mujeres a vivir libres de violencia) es la paz.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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