La guerra

En el marco de las conmemoraciones del Día D, se dio el encuentro, informal, entre Obama y el presidente ruso Vladimir Putin.

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Ciro Di Costanzo 07/06/2014 03:22
La guerra

La política es una guerra sin efusión de sangre; la guerra una política con efusión de sangre. Así describía a la guerra el primer dirigente de la República Popular China, Mao Zedong.

Sabía de lo que hablaba, pues él mismo había llegado al poder tras una prolongada guerra con los nacionalistas chinos.

Y es que la guerra es honor y miseria al mismo tiempo.

Es lucha que aspira a cualquier costa la victoria, ya que la derrota es la muerte o peor aún la humillación. Pese a ello, la guerra se deriva siempre de un fracaso.

La guerra es, de manera indefectible, el fracaso de la política, de la diplomacia. De nuestro género. Por ello, su victoria es tan elocuente, tan simbólica, tan ultrajante.

Aperitivo: el Día D          

Quizá por ello,  la emoción fluyó en aquella colina frente a la Playa de Omaha, en el cementerio de Colleville-sur-Mer, el mayor de la Segunda Guerra Mundial.

Ahí, en donde se encuentran enterrados casi diez mil soldados estadunidenses, se conmemoró el 70 aniversario del desembarco de las fuerzas aliadas en la Normandía francesa, operativo de fuerza que acabó con el régimen nazi, en 1944. Le llamaron el Día D. No se sabe con exactitud cuántos muertos hubo, pero las cifras son todas escalofriantes. Se cuentan por miles. Y si tomamos en cuenta la totalidad del holocausto, le agregaríamos millones de civiles indefensos.

Es por eso que el silencio predominó en la ceremonia encabezada por el presidente Francés François Hollande y el de EU Barack Obama. Un silencio elocuente, ensordecedor.

Sólo era interrumpido por las palabras que cuidadosamente pronunciaban los mandatarios, frente a cientos de veteranos y miles de invitados. La guerra.

Sólo su recuerdo estremece al más pintado.  “Somos hijos y nietos de esa generación”, señaló el presidente galo. Él mismo es normando, de la ciudad de Rouen. Y vaya casualidad. El presidente norteamericano es de Hawaii, por mucho, el territorio estadunidense más afectado por la Segunda Guerra Mundial.

Ay, la guerra.

Piatto forte: la paz

Precisamente en el marco de las conmemoraciones del Día D, se dio el encuentro, informal, entre Obama y el presidente ruso Vladimir Putin

No se veían desde antes de la anexión de Crimea por la Federación Rusa. Apenas el día anterior, Barack Obama había advertido, o más bien, amenazado a Rusia mediante ultimátum para abrir un diálogo con el nuevo gobierno de Kiev, so pena de enfrentar más sanciones.

No trascendió si el encuentro fue tenso o sereno. Se puede intuir una mínima cordialidad, si lo juzgamos por lo que informó Ben Rhodes, asesor en seguridad de la Casa Blanca.  El alto funcionario reportó que: “El presidente Obama había dejado claro que la baja de tensión sólo depende de que la Rusia de Putin reconozca al presidente electo ucraniano Petro Poroshenko, así como el cese del apoyo a los separatistas del este de Ucrania”. Casi nada.

No obstante, el diálogo si abrió. El presidente Hollande y la canciller federal alemana Angela Merkel lograron reunir a Putin con Poroshenko en el cercano Castillo de Benouville.

Allí ambos coincidieron en que la violencia al este de Ucrania debe cesar. El propio Poroshenko informó que espera que Rusia emita comunicado en el que reconoce su elección. El propio gobierno ruso aceptó que hoy iría un emisario a Kiev para ver la posibilidad no sólo de reconocer la elección, sino también de cesar las hostilidades.

Y mientras la política intenta deshacer el nudo con la lengua, sobre el terreno los dientes han chocado.

En el este ucraniano han muerto más de 200 combatientes, y un numero no claro de civiles y desplazados. Si, el horror de la guerra, que huele a pólvora y sangre.

Ay, la guerra.

Dolce: sambuca azul con moscas

Queda muy claro que la guerra es la continuación de la política. O visto de otra manera, es la política “sin sangre”, como decía Mao Zedong.

La gran diferencia es que en la guerra las victorias y las derrotas sí son fatales y perdurables.

En la política no. Ni las derrotas son fatales ni las victorias son eternas. Es más, las victorias y las derrotas deben ser generosas, porque es en la unidad en donde está la fuerza.

Por eso resulta un tanto extraño que al interior del PAN, a pesar de que la votación se dividió en una relación 60-40 entre el presidente electo Gustavo Madero y el opositor Ernesto Cordero, no se haya traducido en una equilibrada toma de posiciones.

Esto sólo se traduce en una fractura. Como en la guerra. El vencedor arrebata todo. Pero eso nunca ha dado ni unidad ni votos.

Café para todos, facilitador de la paz.

                Twitter: @CiroDi

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