¿Y el ciudadano, apá?

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Ciro Di Costanzo 15/02/2014 01:47
¿Y el ciudadano, apá?

El amor y la amistad entran por la puerta de atrás, ya que lo que parece rifar son los bienes materiales y el poder desmedido.

Aperitivo: lujos sindicales

Indignante ha sido el ver los lujos estrambóticos con los que viven los juniors de líderes sindicales, que parecen  más hijos de jeques petroleros, que de dirigentes sindicales.

Con el advenimiento de las redes sociales, hemos podido ver cómo viven estos hijos de la autonomía sindical que, sin el menor ápice de la prudencia o vergüenza, ostentan lujos que envidiaría cualquier miembro de la realeza europea o de Oriente Medio.

Hace tiempo vimos cómo la hija del líder del sindicato petrolero Carlos Romero Deschamps vivía como la hija del dueño de la petrolera, en lugar del líder “social” que lucha por los derechos de los trabajadores, como se supone debiera de ser.

Recientemente circularon las fotos de los lujos de Said
Barba
, hijo menor de Alfredo El Güero Barba, conocido líder sindical de la CROC.

El chico ostentaba lujos en sus redes sociales como un Bentley Continental o relojes caros.
A su nombre tiene registrados seis vehículos, entre ellos dos Audi y tres Mercedes Benz. El joven, rebautizado como El mirrey sindical, mostraba sin medida sus lujos, garantizados por la “compañía” de cinco tarjetas Centurión de American Express Black y rodeado de champaña y otros lujos que no corresponden a lo que se supone que tendría el representante suplente del sector obrero ante la décima sexta junta de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en Jalisco, cargo del joven en cuestión.

¿Qué ha pasado con nuestro sistema político que un “representante obrero”, a contrapelo de su naturaleza, posee lujos propios de un banquero de altos vuelos?

Y es que este sistema político ha olvidado a sus ciudadanos y se ha concentrado en aquello que los partidos políticos están siempre concentrados en el poder y el dinero.

Lo demás, que se joda.
¿Y el ciudadano, apá?

Piatto forte: ¿el ciudadano
o el partido?

Si pensamos en las teorías que hay sobre la democracia y la forma de gobierno en la que el pueblo ejerce la soberanía, uno entendería que el sujeto que debe de estar en el epicentro de la política en una democracia tendría que ser, en efecto, el ciudadano.

Sólo así podría entenderse el sentido de todo un sistema diseñado para que gobierne el que elige la mayoría, sí, pero para todos sin excepción. Se tendría que entender que el objetivo último de un gobernante es elevar la calidad de vida de sus gobernados.

Pues he aquí que uno de los nudos del sistema político mexicano, que suelen ser fuente inagotable de conflicto e indignación, es que en el epicentro de la política mexicana no está el ciudadano. Así de sencillo.

¿Quién está? Pues con mucho, los partidos políticos. Son estos grupos los que se encuentran en el punto neurálgico de la política y a partir de ellos y sus intereses, gravita la dinámica en el Congreso y en una buena parte de los otros Poderes. El tema es que, en general, la mayoría de sus intereses gravitan alrededor de mantener el poder y no de solucionar los fenómenos de los ciudadanos.

Esto es acentuado especialmente desde la Reforma Política de 2007, cuando vimos que los partidos políticos cambiaron las reglas, diluyeron al árbitro electoral y desplazaron al ciudadano.

Sobran botones de muestra.

Actualmente, por ejemplo, por falta de acuerdos de los partidos (especialmente del PRI) en el Congreso, está atorada la elección de los 11 consejeros electorales que conformarán al flamante Instituto Nacional de Elecciones.

Por un lado, un sector quiere mantener a los actuales consejeros y por el otro, otro grupo quieren liquidarlos y renovar toda la plantilla.

¿Y por qué no se ponen de acuerdo? Pues es que todo mundo quiere tener un cierto control sobre el corazón del árbitro electoral. ¿Lo ve? Asistimos entonces, desde 2007, a la “partidización” del organismo electoral.

Y las elecciones federales arrancan el proceso en el último trimestre de este año... y no hay definiciones ni siquiera del árbitro.

Y lo peor es que otro organismo democrático, ciudadano e independiente, como lo es (o debe ser) el IFAI, está también en proceso de cambio. Espero que no lo “partidicen” mediante la cuotización de sus miembros. Es decir, que su consejo no se forme a través de cuotas partidistas, pues nuevamente estaríamos haciendo de lado al ciudadano.

Si los partidos logran trastocar nuestros mecanismos de control democráticos, quién entonces podría ayudarnos ¿El Chapulín Colorado?  Desde luego que lo más sano será que nosotros mismos exijamos a nuestros gobernantes que se ciñan al interés prioritario del ejercicio ciudadano y a cada iniciativa cuestionemos: ¿Y el ciudadano, apá?

Dolce: la dolce vita

Ya entrados en el Día del Amor y la  Amistad, un dedo de novia con café turco. El resto, da igual.

                Twitter: @CiroDi

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