Cuarenta mil asesinos a la cárcel

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Carlos Resa Nestares 01/05/2014 02:08
Cuarenta mil asesinos a la cárcel

Sí, en México, en toda una década. Entre 2003 y 2012 el sistema de justicia pronunció sentencias de prisión por delitos de homicidio doloso para 40 mil 759 personas para 41 mil 640 episodios de asesinato. Son las cifras extraídas de la base de datos de Estadísticas Judiciales en Materia Penal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En la misma década se registraron, también según el INEGI, 161 mil 530 homicidios. Haciendo una burda división, aproximadamente uno de cada cuatro asesinados encuentra un culpable condenado a la cárcel por el aparato de justicia.

Del total de asesinos convictos en todas sus modalidades (autoría intelectual, material o colaboración), 5% eran mujeres. Justo la mitad eran menores de 30 años, siendo la edad promedio de 31.5 años; 52% había completado la escolarización obligatoria y 10% eran analfabetos; 0.6% eran extranjeros; 36% estaba ocupado en el sector servicios, 29% en la industria y 26% en la agricultura, lo cual habla a gritos sobre el sesgo rural del aparato de justicia y/o de los homicidios. Sólo 9% eran individuos económicamente no activos. Según sus sentencias, 76% de los asesinos estaba en pleno uso de sus facultades mentales en el momento de matar, el 20% estaba ebrio y 3% drogado.

Los estados más activos enviando asesinos a la cárcel fueron el Distrito Federal (9.5% del total), Estado de México (8.3%), Jalisco (6.2%), Veracruz (6.1%), Chihuahua (5.7%) y Michoacán (5.4%). Dado que los asesinos no suelen moverse mucho de su lugar de residencia para cometer sus delitos, se repiten los guarismos: 9.4% de los asesinos vivía en el Estado de México, seguido del Distrito Federal (8.4%), Jalisco (6.0%), Veracruz (6.0%), Chihuahua (5.7%) y Michoacán (5.2%).

El estado que acumula entre sus residentes al mayor porcentaje relativo de asesinos convictos durante la última década (lo cual puede ser fruto de un sistema de justicia más eficaz lo mismo que de una mayor densidad de asesinos) es Chihuahua, con 0,68 asesinos por cada mil habitantes. Inmediatamente por detrás se sitúan casi todos los estados de la Costa del Pacífico: Nayarit (0.65), Sonora (0.58), Sinaloa (0.55), Baja California (0.54), Durango (0.53), Colima (0.52), Guerrero (0.51), Michoacán (0.48) y Oaxaca (0.41). En el extremo contrario, Tlaxcala (0.10), Yucatán (0.13), Aguascalientes (0.19), Puebla (0.20), Guanajuato (0.24), Estado de México (0.25), Querétaro, Zacatecas, Hidalgo y Nuevo León (todos 0.29) están entre los estados con menor densidad de asesinos condenados entre sus residentes.

El 46% de los asesinos recibieron condenas de más de 21 años de prisión, un guarismo que, por comparación, sube a 75% en las condenas de secuestro. La condena promedio para los homicidas dolosos fue de 17 años de prisión, una pena que se elevó gradualmente a lo largo de la década. Si en 2003 el condenado recibía una sentencia promedio de 15 años y dos meses de prisión, en 2012 esa misma condena media se había elevado a los 18 años y siete meses. Pero lo más insólito de las estadísticas de los condenados por homicidio doloso es que el aparato de justicia parecer tener un techo y un umbral de cristal para su reproche carcelario a los asesinos. El número de asesinos convictos por año se ha movido en una estrecha franja: entre los tres mil 810 de 2011 y los cuatro mil 274 de 2007. Su estabilidad contrasta con la enorme movilidad que registró durante el mismo periodo el número de homicidios, que pasaron de menos de diez mil entre 2004 y 2007 a superar los 25mil entre 2010 y 2012. Así el ratio de asesinos encarcelados por asesinado se desplomó desde 47% en 2007 a 14% en 2011.

Es cierto que la lentitud de la justicia para este tipo de delitos juega un papel importante que explica parte del desacompañamiento. Sólo 58% de los homicidas convictos fueron sentenciados en los dos años posteriores al asesinato. El tiempo medio entre asesinato y condena fue de dos años y nueve meses, y cada vez es mayor la distancia que separa ambos puntos. Pero, aun contando con esa prueba de descargo, parece como si el sistema de justicia tuviese un ritmo propio para los homicidios dolosos (cuatro mil condenas por asesinato doloso al año), distinto e inalterable del entorno circundante con el que tiene que lidiar.

Esta estabilidad condenatoria es muy específica de los homicidios dolosos y contrasta con otro tipo de delitos. Los condenados a prisión por delitos de drogas ilegales se duplicaron entre 2009 y 2012: de 11 mil 604 a 22 mil 556. Los sentenciados por secuestro también se duplicaron entre 2007 y 2012: de 574 a mil 186. Esta tendencia alcista no se observó para los asesinatos. Parece como si las normas de derecho natural que dio en 1811 François-Marie Arouet, alias Voltaire, hubiesen adquirido una extraña extravagancia en el México del siglo XXI: “Está prohibido matar. Cada asesinato se castiga… a menos que se haga en grandes cantidades y al ritmo de trompetas. C’est la règle”.

                *Profesor asociado de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid.

                Consultor de la Oficina de las Naciones Unidas sobre Drogas y Delincuencia.

                carlos.resa@uam.es

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