Mientras no nos afecte

¿Cómo puede coincidir crimen y turismo? Gracias a una barrera construida por fuerzas federales que blinda con bastante eficacia los sitios turísticos del resto de la ciudad, junto con guardias privados en los conjuntos residenciales más exclusivos para reforzarla.

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 19/12/2013 05:52
Mientras no nos afecte

Miles de mexicanos se preparan para irse de vacaciones decembrinas a Acapulco, ciudad donde el crimen organizado ya no sólo secuestra, extorsiona y asesina. Ahora, encapuchados presionan a habitantes de las colonias más marginadas para organizar marchas de protesta contra el nombramiento de un nuevo secretario de Seguridad Pública en el municipio. Hoy Acapulco es probablemente la ciudad más violenta de México. Sin embargo, se espera una muy buen temporada turística.

¿Cómo puede coincidir crimen y turismo? Gracias a una barrera construida por fuerzas federales que blinda con bastante eficacia los sitios turísticos del resto de la ciudad, junto con guardias privados en los conjuntos residenciales más exclusivos para reforzarla.

En palabras de un amigo que pasará la vacación en el puerto: “Cuando le comenté a mi empleada doméstica que iba a ir por mis hijos al antro me dijo que cómo me atrevía a salir de noche. Ella nunca lo haría”.  Ella vive en el “otro” Acapulco. El que fue retratado con toda crudeza en un reportaje de Alejandro Almazán en la revista Gatopardo de mayo de este año intitulado “Acapulco Golden” (http://goo.gl/nMhJus).

Si bien hay reportes de prensa que señalan los problemas de Acapulco, no hay la presión de la sociedad civil ni de los medios de comunicación como sí la hubo con la gran crisis de seguridad en Ciudad Juárez. Esta presión obligó al presidente Calderón, en su momento, a cambiar su estrategia y ocuparse de Juárez, atendiéndolo, ya no sólo como un problema de llevar más policías y soldados, sino como uno de reconstrucción del espacio público y de reinserción social. Gracias a esa presión civil, se concentraron en aquella ciudad los esfuerzos de varias secretarías de Estado y las acciones del gobierno estatal con lo cual el presidente Calderón logró terminar el sexenio con una Ciudad Juárez en franca mejoría.

Acapulco está mucho más cerca de los capitalinos, de sus medios de comunicación y de la élite política, que la propia Ciudad Juárez. Sin embargo, el presidente Peña Nieto no enfrenta presión mediática y política importante como para obligarlo a concentrar sus esfuerzos en la actual crisis.

En buena medida esto se puede explicar por un manejo de medios más eficaz que el de la administración anterior. Por un lado, se decidió quitarle protagonismo al Presidente en materia de seguridad. Esto en contraste con la estrategia del sexenio anterior en la cual el presidente Calderón participaba directamente en el debate sobre la violencia, a riesgo de hacer errores monumentales como en febrero de 2010 cuando, después de una matanza de jóvenes en Juárez, los acusó de su propia muerte por ser miembros de una pandilla cuando en realidad eran estudiantes y los homicidios se habían perpetrado en una fiesta de cumpleaños. Por el otro lado, el gobierno actual ha logrado el que las noticias de seguridad no sean tan visibles como en el sexenio anterior.

Con todo, han sido suficientes las notas de prensa como para que los mexicanos medianamente informados sepan que en Acapulco y en muchas otras partes del país, desde Michoacán y Guerrero, hasta Tamaulipas, hay una crisis de seguridad creciente. Según datos de la empresa Control Risk, México es líder mundial en secuestros. ¿Por qué no parece importar gran cosa?

En buena medida porque el afectado es fundamentalmente una parte del México que no tiene voz. El gobierno invirtió suficientes recursos para que el problema de Acapulco no afectara a los turistas y con ello los mexicanos con recursos puedan ir a disfrutar de sus propiedades. Por la misma razón, la relativa seguridad en la Ciudad de México (aunque aparentemente con niveles crecientes de criminalidad) puede coexistir con niveles de violencia muy altos en el oriente del Distrito Federal o aun mayores en los municipios mexiquenses aledaños al DF, desde Ecatepec hasta Netzahualcóyotl.

La falta de receptividad de los medios y de la clase política a lo que no afecta directamente a las clases medias altas de la Ciudad de México o de otra ciudad importante, permite a los gobiernos vivir en una burbuja artificial. Un ejemplo visible de esto son los anuncios pagados del gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre, presumiendo los logros de su gobierno en los días posteriores a su tercer informe de gobierno que tuvo lugar el 24 de noviembre, sin que importara que el crimen sigue desbocado en su estado.

Los problemas de seguridad que hoy no afectan tanto a las clases medias altas de las principales ciudades están generando inmensos costos sociales. Hay millones de mexicanos que emigran y abandonan su hogar, muchos otros que disminuyen en lo que pueden su visibilidad económica, hacen justicia por su propia mano con las llamadas fuerzas de autodefensa (que a su vez luego se pueden dedicar el crimen), y cientos de miles o más que aceptan la extorsión y pagan cuotas regularmente para ser protegidos por el crimen. La extorsión es una suerte de impuesto a través del cual el crimen organizado se va apropiando de una parte del territorio nacional.

Un país donde esto sucede va a terminar afectándonos a todos, tarde o temprano. Sin la presión social y la de los medios para enfrentarlo, el gobierno puede seguir sin ocuparse gran cosa del problema. Mientras, éste parece no hacer más que crecer en ciertas zonas.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                Twitter: @carloselizondom

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