Prospera

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Armando Román Zozaya 03/09/2014 01:52
Prospera

Durante su 2º Informe de Gobierno, el presidente Peña anunció el lanzamiento del programa Prospera, el cual sustituirá al famoso, y ya añejo, Oportunidades. Prospera será un Oportunidades plus pues, quienes de él se beneficien, obtendrán lo mismo que les da Oportunidades más becas para educación superior y prioridad a la hora de buscar empleo, así como acceso a varios esquemas de apoyo a la producción.

Según el propio Enrique Peña, el programa Oportunidades no ha conseguido lo que más se esperaba de él: abatir la pobreza. De hecho, el Presidente mencionó, durante su mensaje al país, que, si bien Oportunidades atiende a 6.1 millones de familias y tiene un presupuesto de miles de millones de pesos (73 mil millones para este 2014, por ejemplo), el porcentaje de mexicanos sumidos en la pobreza ha permanecido sin cambios en los últimos cinco lustros. Hay que modificar, pues, Oportunidades y buscar mecanismos “más eficaces” para luchar contra la miseria.

Es positivo que el gobierno modifique una política que ha sido un fracaso: incluso a pesar de lo mucho que Oportunidades ha sido alabado internacionalmente, está claro que, efectivamente, la pobreza sigue siendo una dificultad muy grave en nuestro país. Sin embargo, valdría la pena preguntarnos si Oportunidades no ha funcionado porque es un programa mal diseñado/ejecutado o porque le estamos pidiendo que resuelva un problema que, en esencia, no puede ser resuelto en definitiva por política social alguna.

Y es que la única manera de acabar con la pobreza es crear empleos duraderos y bien remunerados. No hay de otra: o se crean esos empleos o la pobreza persiste, incluso si hay apoyos sociales y económicos como los que Oportunidades, y en un futuro Prospera, brindan. De hecho, si no hay trabajos como los descritos, los programas sociales se convierten sólo en paliativos y no en soluciones de fondo. Esto es, justamente, lo que ha pasado con Oportunidades: si bien ha contribuido a que los pobres estén un poco menos mal que antes, estos siguen siendo pobres.

El problema no es, pues, el diseño, el presupuesto o la ejecución de Oportunidades sino que, cuando los beneficiarios intentan buscar empleo, no encuentran trabajo o terminan en posiciones de muy baja remuneración: la pobreza no se acaba. Pero eso no es todo: como es bien sabido, los servicios de salud y de educación dejan mucho que desear, sobre todo en las áreas rurales, que es donde la pobreza suele incidir más. La infraestructura del país tampoco es ninguna maravilla. La seguridad pública está para llorar y, en general, somos un país poco competitivo.

Dado todo lo anterior, no es sorprendente —lo desconcertante sería lo contrario, de hecho— que Oportunidades haya “fracasado”, es decir, que no haya resuelto el problema de la pobreza. Tampoco va a ser sorpresa alguna —es más, es un resultado predecible— que Prospera no resulte en que millones de mexicanos abandonen su condición de pobres.

Ah, pero eso sí: se escucha muy bonito cuando el Presidente dice que, ahora sí, se va a atacar la pobreza de mejor manera y que se lanzará un programa social que es mejor, inclusive, que el famoso y galardonado Oportunidades. Por supuesto, esto se escucha más lindo aún cuando las elecciones de 2015 están a la vuelta de la esquina.

Pero dejando de lado la parte electoral del tema, me parece que Prospera no es una mala idea. Lo que está mal es asumir que, gracias a él, ya no habrá pobreza. Vamos, no sólo está mal sino que es una irresponsabilidad. Esperemos, entonces, que el gobierno tenga claro, muy claro, que lo que urge son empleos, que estos sean duraderos y que estén bien pagados. Obviamente, la autoridad por sí misma no puede generar estos puestos de trabajo, pero, sí puede coadyuvar a que surjan. ¿Las tan citadas reformas estructurales son justamente para eso? En principio sí, pero, a ver si de verdad se aplican adecuadamente y a ver si sí resultan en lo que nos han prometido. Por el bien del país, ojalá que así sea.

                Twitter: @aromanzozaya

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