Estado “de chocolate”

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Armando Román Zozaya 14/05/2014 01:19
Estado “de chocolate”

El día de ayer, en San Luis Potosí, dos familias se agarraron a golpes como resultado de un incidente vial. Esto ocurrió porque un pequeño niño corrió hacia la calle y fue derribado por una camioneta (nada grave, afortunadamente). Los familiares del niño se abalanzaron sobre el conductor del vehículo. La familia de éste lo defendió. La gresca duró varios minutos. Finalmente, la policía logró poner orden.

También ayer, comenzó a circular un video en internet en el que diversos personajes de la vida pública del país, como el ahora famoso doctor Mireles y el padre Solalinde, defienden a las ya igualmente famosas autodefensas. Básicamente, quienes aparecen en el video, sostienen que éstas son necesarias y benéficas pues cumplen tareas que son responsabilidad del gobierno pero que éste no realiza.

Otro video fue asimismo noticia durante la presente semana. En éste, además de evidenciar su total falta de preparación para efectuar su trabajo profesionalmente, varios policías de Aguascalientes golpean de manera brutal a una mujer que, en estado de ebriedad, hacía desmanes y se negaba a ser arrestada.

Similarmente, apenas hace un par de días, Amnistía Internacional dio a conocer un estudio, según el cual, 64% de los mexicanos viven con miedo a ser torturados por las fuerzas del orden en caso de ser detenidos por las mismas.

A primera vista, parecería que las noticias que he mencionado están desvinculadas. Sin embargo, creo que estos acontecimientos están íntimamente relacionados: todos y cada uno de ellos nos dicen, a gritos, que México no es un Estado pleno y serio, es decir, es un Estado frágil, lleno de corrupción, plagado de autoridades que funcionan a medias, de policías inútiles, de criminales que han puesto en jaque al gobierno y, claro está, a los ciudadanos. Asimismo, México es, por todo lo anterior, un país en el que la ciudadanía no confía en la autoridad. Es más, le tiene pánico.

¿Por qué dos familias se agarraron a golpes en vez de llamar a la policía para solucionar el problema en el que se vieron involucradas? ¿Por qué hay quienes han llegado al extremo de tener que defenderse ellos mismos, es decir, sin contar con las autoridades, de extorsionadores, secuestradores, etcétera? ¿Por qué tres o cuatro policías son incapaces de controlar a una borracha y, simplemente y sin darle una golpiza, arrestarla si eso es lo que su comportamiento ameritaba? ¿Por qué 64% de los mexicanos cree que será torturado si es detenido?

Porque, insisto, México no es un Estado de verdad; es, como se dice coloquialmente, “de chocolate”. Ah, pero eso sí: lo que no es “de chocolate” son los salarios de los funcionarios públicos, sus prestaciones, sus seguros médicos pagados por el erario, sus choferes, chefs, vehículos, viáticos. Todo eso sí que es palpable. Tan palpable como, vaya paradoja, los amenazantes correos electrónicos que el SAT envía a los contribuyentes para recordarnos que tenemos que pagar nuestros impuestos y “cumplir” con nuestras “obligaciones” (pues, de lo contrario, hasta la propia cárcel podríamos ir a parar).

Lo que pasa en México es una tragedia, amigo lector. Se dirá que exagero, pero, la falta de seguridad, la ausencia de autoridades confiables y los abusos de la clase política, en todo sentido,  cuestan. Sí, cuestan empleos, inversiones y, por supuesto, vidas. Cuestan también porque generan zozobra y porque socavan a la sociedad misma. Generan igualmente que ésta crea cada vez menos en quienes gobiernan, lo cual a su vez contribuye a que sigamos en un país en el que los gobiernos, de todos colores y niveles, son débiles, lo que, inevitablemente, coadyuva a que siga habiendo inseguridad y nadie crea en la ley. Es, pues, un (trágico) círculo vicioso. 

Nos urge entender que no podemos seguir siendo un Estado “de chocolate,” “patito”. Es por el bien de todos. Creo que todavía estamos a tiempo. Ojalá.

                @aromanzozaya

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