¿Cuáles reformas?

Si de verdad queremos un país mejor... bien podríamos comenzar por entender que, sin legalidad, las cosas jamás funcionarán...

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Armando Román Zozaya 09/04/2014 02:09
¿Cuáles reformas?

Muchos lo dijimos una y otra vez: la algarabía del gobierno con relación a las reformas estructurales era una exageración. De hecho, varias voces comentamos en nuestros respectivos espacios de opinión que era un error creer y publicitar que, gracias a que se han concretado cambios al marco legal en los terrenos fiscal, financiero, energético, político-electoral y educativo, México “se movería” para bien necesaria e indudablemente.

En particular, uno de los puntos que más fueron señalados en su momento fue el siguiente: lo más importante de las reformas no es su aprobación sino su ejecución, por lo que los resultados de todos los ajustes legales que han tenido lugar desde que comenzó la actual administración federal no se verán de inmediato; podrían tardar años en concretarse.

Lo anterior es relevante porque ahora está más claro que nunca que la tan cacareada Reforma Educativa no ha servido para mucho y, de seguir las cosas como hasta ahora, no servirá de nada. Y es que resulta que las estados de la República ni siquiera han ajustado su legislación en materia educativa para hacerla compatible con los cambios constitucionales que, supuestamente, le darían un nuevo y prometedor perfil al sistema educativo del país. Así, en pocas palabras, diga lo que diga el gobierno, la realidad es que, en los hechos, la Reforma Educativa está muy lejos de ser realidad; es casi como si nunca hubiera ocurrido.

Lo anterior es grave y preocupante. Grave porque la educación en México está plagada de problemas, cuestión que es crucial tanto para el presente como para el futuro, y porque, si bien es cierto que la reforma en cuestión no es la panacea, es también verdad que sí iba (¿va?) en la dirección correcta. Preocupante porque, si esta reforma, que según la propia autoridad es absolutamente indispensable e importante, no se termina de materializar, ¿qué podemos esperar respecto a la energética, la fiscal, la financiera y la política-electoral?

¿Qué va a pasar, por citar un caso concreto, cuando empresas privadas comiencen a participar en la extracción de petróleo? ¿Cuánta corrupción, cuántos malos manejos, podrían darse? Aclaro que no estoy en contra de que dichas empresas se involucren en cuestiones energéticas, pero es obvio que deben hacerlo dentro de la ley. Es evidente también que, al menos en el papel, la Reforma Energética contempla mecanismos para que, efectivamente, todo ocurra dentro de la legalidad. Pero, ¿por qué creer que esta reforma sí será aplicada al pie de la letra? ¿Quién nos garantiza que, así como está ocurriendo con la Reforma Educativa, la energética no sólo será tinta sobre papel?

A este país lo que le urge es legalidad, es decir, el habituarnos a hacer lo que la ley manda y a que, quien no lo haga, pague consecuencias. Es el colmo que hasta las propias legislaturas locales no hagan caso de lo que la Constitución estipula y, por ello, hagan a un lado los cambios recientemente hechos a la Carta Magna con relación a la educación, como ya mencioné.

Mientras no queramos y/o no podamos convivir dentro de las leyes que nosotros mismos nos damos, podemos crear las mejores y más convincentes reformas o las más lúcidas disposiciones en materia fiscal, energética, etcétera; las cosas no cambiarán para bien. De esta forma, la pregunta clave es, y siempre ha sido, la siguiente: ¿Por qué hemos fracasado en la construcción de un país de leyes?

No tengo la respuesta (¿alguien la tiene?), pero lo que sí sé es que éste es un asunto en el que estamos involucrados todos: desde las propias autoridades hasta los ciudadanos, las empresas, las ONG, los diferentes gremios y la sociedad en general. Luego entonces, si de verdad queremos un país mejor, que se “mueva” y lo haga en la dirección correcta, bien podríamos comenzar por entender que, sin legalidad, las cosas jamás funcionarán como quisiéramos. Sí, incluso si “hacemos” las mejores reformas del mundo.

A ver, pues, para cuándo.

                Twitter: @aromanzozaya

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