Abril: el mes de los impuestos

COMPARTIR 
Armando Román Zozaya 02/04/2014 01:02
Abril: el mes de los impuestos

Otra vez es abril; otra vez hay que hacer la declaración anual de impuestos. Llega el momento de decirle al gobierno de manera definitiva —las declaraciones mensuales son sólo provisionales— cuántos ingresos tuvimos, de dónde provinieron, etcétera, el año pasado. Hasta ahí nada que comentar pues, como dicen en el mundo anglosajón, lo único certero en la vida son la muerte y los impuestos (death and taxes).

Lo que es digno de rescatar es que, si bien es más que necesario y correcto que seamos llamados a cuentas por la autoridad y encaremos consecuencias muy serias en caso de no cumplir con nuestras obligaciones fiscales, no es justo que no haya manera real y efectiva de que nosotros hagamos rendir cuentas a quienes nos gobiernan. Tampoco es equitativo que, mientras algunos somos exprimidos por el SAT año tras año, millones de ciudadanos ni siquiera están en el padrón de Hacienda.

Ahí está, por ejemplo, el caso del extesorero de Michoacán, quien, para evitar ser retenido en prisión, dejó en fianza propiedades por un valor de 50 millones de pesos. ¿De dónde sacó este individuo todas esas propiedades? ¿De su digno y honrado esfuerzo? ¿O tal vez le “metió mano” a lo que nosotros, los mexicanos, le pagamos al erario? Si se demuestra que incurrió en algún delito, ¿la investigación sólo llegará hasta él o también serán investigados los exgobernadores Cárdenas y Godoy? Si Godoy y Cárdenas son responsables de algo, ¿lo sabremos algún día o los cálculos políticos impedirán, otra vez, que quien ha incurrido en alguna falta, en este caso el mal uso de los dineros públicos, goce de impunidad? ¿Cómo podemos los ciudadanos lograr que nuestros políticos nos rindan cuentas de lo que hacen con nuestros impuestos?

Otro ejemplo es el del señor Marcelo Ebrard. Ahora sabemos que, durante la construcción de la “maravillosa” Línea 12 del Metro, el gobierno del DF por él encabezado gastó cientos de millones de pesos, provistos por el gobierno federal, que no están justificados o explicados. De hecho, dicho gobierno le ha exigido al de la Ciudad de México la devolución de todo ese dinero. ¿En qué se usaron esos recursos? ¿Dónde están? ¿Quién es responsable de su utilización? ¿El propio Ebrard? De nuevo: ¿cuándo podremos realmente llamar a cuentas a quienes usan el dinero que es de todos sin cuidado, irresponsablemente?

Un ejemplo más está dado por la también “estupenda” y “magnífica” edificación de la nueva sede del Senado de la República, la cual costó un dineral, quedó mal, presenta fallas y se ha convertido en un barril sin fondo al cual hay que aventar, continuamente, más y más recursos provenientes de nuestros impuestos. Otra vez lo pregunto: ¿quiénes son los responsables? ¿Con qué mecanismos claros y contundentes contamos para que, quien la haga, la pague?

Si en verdad aspiramos a ser un país que “se mueva” y que lo haga en la dirección correcta, no podemos seguir como hasta ahora: no se vale que sólo unos pocos paguemos impuestos, que éstos no sean utilizados adecuadamente y que no haya canales ni rutas nítidas para hacer rendir cuentas a las autoridades.

Nos urge una política de Estado orientada a evitar gastos superfluos y promover la austeridad en todo momento. Pero no me refiero a austeridad en el gasto destinado a, digamos, los rubros de salud y/o educación, sino al dedicado a la remodelación de oficinas, viáticos, autos, telefonía, comidas, etcétera, que tanto gustan a los políticos. Esta política también debería fijar cuáles son las prioridades de gasto público y cuales serán las contundentes y prontas sanciones —por ejemplo, las “inhabilitaciones” para ejercer cargos públicos son una burla— que encararán los funcionarios que hagan mal uso de lo que nos pertenece a todos los ciudadanos.

Sí: es abril. Otra vez a pagarle a Hacienda. Y otra vez a hacer corajes porque lo que pagamos no es utilizado con el cuidado que se merece. ¿Hasta cuándo?

                Twitter: @aromanzozaya

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red