Políticos chapulines: ¿por qué?

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Armando Román Zozaya 12/02/2014 01:52
Políticos chapulines:  ¿por qué?

Marcelo Ebrard se ha alejado del PRD para acercarse al dizque partido político conocido como Movimiento Ciudadano. Esto no debe sorprender a nadie: el señor Ebrard se ha caracterizado por brincar de una organización política a otra. Por ejemplo, hace unos 25 años, era priista. Después, cuando Manuel Camacho, su mentor político, cayó en desgracia, se unió al Partido Verde. Eventualmente, se incorporó al perredismo.

Sí: no hay novedad alguna en lo que Ebrard está haciendo. Es más, ya se había tardado. Así, lo que quiero enfatizar es que, en nuestro país, es muy común esto de los políticos chapulines: con frecuencia atestiguamos que, quienes estaban en un partido, ya saltaron a otro. Además, no sólo hay recurrentes cambios de cachucha sino que, quienes los hacen, suelen ocupar puestos de relevancia tanto en el partido que abandonan como en el que les da la bienvenida.

¿Qué nos dice todo lo anterior respecto a México? ¿Por qué hay políticos que, por décadas, permanecen vigentes pasándose de una agrupación política a otra? ¿Por qué los electores no castigan este tipo de comportamiento? Estas preguntas me vinieron a la menta cuando leí en el periódico que, otra vez, Marcelo Ebrard ha dejado un partido político para incorporarse a otro.

Una primera hipótesis es que a los electores no les interesan tanto los partidos en sí sino los personajes que estos postulan o respaldan. De esta manera, a la ciudadanía le da lo mismo si tal o cual político ahora pertenece a tal o cual partido. De ser esto cierto, surgen estas preguntas: ¿para qué queremos partidos? ¿Son meras agencias de colocación? ¿De verdad contribuyen en algo significativo? No quiero decir que nos tengamos que deshacer de los partidos políticos (son esenciales en toda democracia, claro), pero, lo que de nuevo está haciendo Marcelo Ebrard debería invitarnos a reflexionar en torno a cómo opera la política mexicana y, en particular, sobre cuál es el papel y función de nuestros partidos, los cuales, recordémoslo, nos cuestan un dineral.

Una segunda hipótesis es que a los electores sí les importan los partidos y, además, creen que estos pueden influenciar, y mucho, en el comportamiento de sus miembros. Así, el que un personaje que antes estaba en el partido X esté ahora en el partido Z significaría que, ese personaje, se alineará y respetará los ideales del partido Z, por lo que los electores saben que, de votar por la persona en cuestión, estarán haciéndolo por lo que valoran del partido que lo ha postulado y no por el individuo en sí. Esto implicaría que nuestros partidos son organizaciones sólidas y que sus principios son bien conocidos, y por lo menos en cierta medida comprendidos, por los ciudadanos.

Una tercera hipótesis es que los mexicanos no valoran ni a los partidos ni a los políticos, por lo que no les preocupa si tal o cual personaje está ahora en este o aquel partido. Esto podría ser resultado de una falta de legitimidad de los partidos mismos, de los políticos y de las autoridades: en México, pocos creen en quienes “gobiernan” y en quienes quieren gobernar.

Cada una de las hipótesis propuestas (hay más, obvio) conlleva ciertas implicaciones. Sin embargo, me quedo con la tercera hipótesis: los políticos chapulines existen y son exitosos porque a los ciudadanos, o por lo menos a muchos de ellos, no les importa en serio quiénes están en los partidos y cuáles son los postulados de éstos. A su vez, esta situación sería producto de años y años de promesas incumplidas por parte de los gobernantes, así como de la muy poca legitimidad con la que operan diputados, senadores, gobernadores, etcétera.

De ser correcta esa tercera hipótesis, o por lo menos de no estar totalmente ésta fuera de lugar, es indispensable abrir este interrogante: ¿qué hacer para que la gente se identifique con, y al mismo tiempo cuestione y le exija a la autoridad, los partidos y los políticos? Cuando tengamos la respuesta y logremos implementarla, veremos el fin de los políticos chapulines, creo. Veremos también un mejor país.

                Twitter: @aromanzozaya

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