#PosMeSalto

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Armando Román Zozaya 11/12/2013 05:08
#PosMeSalto

Como comenté en mi columna de la semana pasada, no estoy de acuerdo en cómo procedió el Gobierno del DF con relación a la tarifa del Metro: no era necesario hacer una encuesta; bastaba con que la autoridad explicara las razones del aumento al precio de cada viaje y, con base en las competencias con las que cuenta por mandato legal, dispusiera el incremento correspondiente.

No obstante lo anterior, considero que sí es adecuado que el Metro cueste ahora cinco pesos: este sistema de transporte requiere de recursos para funcionar mejor, cuestión que favorece a los millones de usuarios del mismo. Igualmente, si bien todos nos beneficiamos de la existencia del Metro aunque sea sólo indirectamente (sin él, el tráfico sería peor, por ejemplo), no está de más que, quienes son consumidores directos del mismo, cubran un poco más del costo del servicio del que gozan.

Entiendo que habrá quien no coincida conmigo, obvio. Por citar un ejemplo, hay usuarios que en verdad encontrarán difícil pagar dos pesos más por utilizar el Metro. No obstante, por eso mismo, atinadamente, el gobierno de la ciudad ha establecido tarifas diferenciadas. Por mencionar otro ejemplo, hay quienes consideran que, en vez de elevar el precio del boleto del Metro, habría que revivir el impuesto por tenencia de vehículos particulares. Para mí, en todo caso, ambas cosas son necesarias: la tenencia debe volver —los autos contaminan, desgastan las calles, provocan tráfico, etcétera— y es correcto cobrar cinco pesos por viajar en el subterráneo.

Hay también quienes han llevado al extremo su descontento con la nueva tarifa: han decidido que ellos no la pagarán; se saltarán los torniquetes. De hecho, ya lo están haciendo. ¿Alguien les dice algo? No. Es más, los policías nada más miran cuando, quien así lo desea, al grito de  #PosMeSalto, ingresa al Metro sin hacer desembolso alguno.

El que haya quienes, simplemente, decidan usar el Metro sin pago de por medio nos dice mucho sobre México. En primera instancia, es indicativo de que nuestros gobernantes e instituciones carecen de la más elemental legitimidad. Por ello, hay quienes están convencidos de que la encuesta utilizada por el Gobierno del DF para justificar el aumento al Metro no arrojó los resultados conocidos. De igual manera, hasta hay quienes creen que ni siquiera hubo encuesta.

Asimismo, el #PosMeSalto es un reflejo de que, precisamente porque no hay legitimidad alguna entre la clase política, en nuestro país se “vale” romper la ley cuando así nos plazca, incluso en las narices mismas de la “autoridad”. Y es que, efectivamente, quienes gobiernan no saben, no pueden y/o no quieren aplicar la ley. Estamos, pues, ante un círculo vicioso: las autoridades no cumplen su responsabilidad principal —sustentar la legalidad—, lo que, a su vez, facilita que, quienes no tienen consideración alguna por los demás ni por lo público, hagan lo que les plazca: cada persona que se brinca los torniquetes constituye un recordatorio de que México es un Estado de papel.

Igualmente, gracias al #PosMeSalto, ha quedado claro también, de nueva cuenta, que, en México, nos encanta exigir derechos pero no cumplir con nuestras obligaciones: si bien es importante y necesario protestar cuando lo creemos conveniente, ¿de verdad estamos ante un caso en el que, forzosamente, haya que llevar los niveles de protesta al punto del “valemadrismo” absoluto y, por lo tanto, brincarse los torniquetes cuando eso representa un insulto a quienes sí pagan por usar el Metro y a todos los ciudadanos en general?

Como las autoridades son ilegítimas, los ciudadanos no somos muy buenos ciudadanos que digamos y, en parte por ello mismo, como ya he resaltado, la legalidad es nula, las cosas están como están. Pongámoslo así: por cuestiones como las del Metro es que estamos como estamos o, más bien, porque estamos como estamos es que nos pasan situaciones como las del Metro.

¿Usted se saltará los torniquetes, amigo lector?

                Twitter: @aromanzozaya

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