Aeropuerto de la Ciudad de México: obra estratégica

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Antonio Toca 30/08/2014 00:04
Aeropuerto de la Ciudad de México: obra estratégica

Desde 2001 he publicado artículos sobre la urgente necesidad de contar con un aeropuerto eficiente en el Valle de México. Afortunadamente las autoridades de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA)  iniciaron los proyectos para ampliar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Cuentan ya con el plan maestro, en el exlago de Texcoco, del que se derivan todas las obras para que se puedan realizar operaciones aéreas simultáneas, que duplicarían la capacidad actual del AICM y permitirán su funcionamiento por los siguientes 50 años.

A continuación, realizaron el concurso para el proyecto de la nueva terminal, cuyo resultado aún no se ha hecho público. Desafortunadamente algunos concursantes han hecho declaraciones o han “filtrado” a medios de comunicación comentarios o imágenes de sus proyectos, como las publicadas ayer en esta sección: TEN Arquitectos se perfila como opción para construir el nuevo aeropuerto. Es evidente que la intención de esos concursantes es imponerse sobre la decisión del jurado o de las autoridades.

Aparte de estas faltas de discreción y de respeto a los organizadores, lo que se demuestra es que anteponen intereses personales por encima del bien del país. Eso no puede permitirse, porque éste no es sólo un concurso de arquitectura, ni la oportunidad para hacer monumentos a la egolatría de algún arquitecto; la ampliación del AICM es una oportunidad única y valiosa para lograr que nuestra ciudad cuente con un servicio estratégico para su futuro desarrollo.

El concurso de la nueva terminal no es ni el único ni el más importante. Los que son importantes, por su enorme inversión, son los de construcción de edificios, pistas, infraestructura e instalaciones. Ante esa responsabilidad es conveniente señalar que no se debería comprometer la ampliación del AICM, si se permiten faltas en el desarrollo de este concurso, en el que hay participantes que deben descalificarse.

Hace dos mil años se definieron las características que todo edificio público debería tener: firmeza, utilidad y belleza. Este orden es importante, porque en el caso de la nueva terminal del AICM, si no se tienen en cuenta desde el proyecto, se pueden tener después graves problemas como sobrecostos o fallas estructurales. Un ejemplo es la Terminal 2, o las pistas actuales. La firmeza depende de la solución de la cimentación y su relación con la estructura y la cubierta del edificio, que debe corresponder al de plataformas y pistas. Eso es fundamental, porque un aeropuerto no puede funcionar con una terminal o con pistas que se hundan. La funcionalidad depende de la movilidad de personas, equipaje, y mercancías; de la solución de los accesos y salidas; de la flexibilidad de su diseño, de su sustentabilidad, de su seguridad y de los costos de su construcción, mantenimiento y operación. Por último, la belleza depende de que el edificio sea un símbolo de la identidad cultural de México, y no la imagen refrita de otros aeropuertos más grandes o más espectaculares, porque esa belleza sería ajena: una máscara ridícula que parece ser lo que no es.

Si se premia la falta de confidencialidad en éste, o en cualquier concurso, se aceptará que para ganarlo no se requiere tener una buena propuesta, sino presionar para que se acepte, o tener amigos que la impongan.

Concluir este concurso con una mala decisión sería aceptar que por encima de los intereses del país se pueden imponer los intereses de una persona, o de un grupo; y también sería un grave retroceso para la confianza y esperanza de construir un mejor futuro para México.

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