Cuando el destino nos alcance

La inquietud por preservar el planeta no enfatiza la sustentabilidad humana.

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Antonio Toca 02/08/2014 00:08
Cuando el destino nos alcance

En 1973 se estrenó la película de ciencia-ficción Cuando el destino nos alcance (Soylent Green). La acción se situó en 2022, en un mundo sobrepoblado, en el que Nueva York tenía 40 millones de habitantes. Como en esos años los enormes problemas de la contaminación y del consumo irracional de recursos no renovables no eran tan graves como ahora, la trama se centraba en la situación de una metrópoli que había sobrepasado todo límite, incluida la posibilidad alimentar a su población.

Cuarenta años después Michael Weinstock, de la Architectural Association ­—donde dirige el posgrado en Emergent Technologies— advierte que estamos a punto de que el destino nos alcance: si se cumple la predicción sobre el aumento de la población mundial, de los más de seis mil millones actuales, a más de nueve mil en las tres próximas décadas, se tendrá un catastrófico colapso del sistema… Las cantidades de alimentos y energía para atender a la población adicional, que sería la mitad de la actual, no puede cubrirse con un sistema que ya está operando cerca de su máxima capacidad.*

Es una sorpresa que la creciente preocupación —a nivel mundial— por preservar el planeta no enfatice más la sustentabilidad humana. De no variar las tendencias la población aumentará 50%; y la cantidad de recursos requeridos para atenderla en ciudades nuevas o existentes será inmensa. Aunque se pudiera actuar rápidamente, el problema para los nacidos en este siglo es de tal magnitud que será —sumado al calentamiento global— la mayor amenaza para la humanidad. Si eventualmente surgiera un consenso a escala mundial de que no se puede continuar con la situación actual y que todo tipo de consumo debe reducirse, le tomaría a toda una generación intentar cambiar esta situación. De manera similar, tomaría el mismo tiempo hacer efectivo un compromiso global para limitar el crecimiento de la población.

No es deseable un crecimiento tan grande y rápido porque generaría todo tipo de problemas; y el principal sería la inestabilidad de los sistemas ambiental, económico y político, cuyas consecuencias serían desastrosas. Esa situación se ha planteado recientemente —con la impresionante tecnología de Hollywood— en la película Elysium (2013), en la que el futuro es una atroz pesadilla. El planeta sobrepoblado ha sido abandonado por un grupo privilegiado que vive en un satélite artificial, con todos los adelantos de una sociedad que controla desde el espacio cualquier amenaza que perturbe su restringido paraíso. Lo más temido es la llegada de inmigrantes a los que se elimina sistemáticamente y que —coincidencialmente— viven en Tijuana, hablan español e intentan huir de las enfermedades y miseria de un planeta destruido y sobrexplotado.

Es muy significativo que, ante la contaminación, sobrepoblación y destrucción de la naturaleza, sólo en películas con tramas ubicadas en el futuro se exponga el sistema dictatorial que se requeriría para “controlar” esos problemas. Farenheit 451(1966); THX 1138 (1971); Blade runner (1982); 1984 (1984); Equilibrium (2002); Island (2005) y alguna más que recuerde, son la evidencia de la gravísima situación que tendrá el planeta y sus habitantes si no se actúa colectivamente. Lo que sorprende es que en muchas películas se ha intentado dar una solución; mientras que —en el mundo real— las reuniones internacionales sobre “sustentabilidad” sólo sirven para viajar y divertirse.

*Weinstock M. The architecture of emergence.
Sussex, John Wiley, 2010, p.262-265

 

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