Las huellas de los edificios

En Mesoamérica se realizaron maquetas que reproducían el volumen del inmueble.

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Antonio Toca 22/03/2014 00:05
Las huellas de los edificios

Una pregunta que reiteradamente se hace es: ¿Cómo se construyeron algunas construcciones antiguas? De las construcciones más recientes se tienen planos o dibujos en los cuales se detalla el edificio, sin embargo, de los más antiguos no hay ninguna evidencia.

En un artículo, el arqueólogo alemán Lothar Haselberger describe su descubrimiento sobre la manera en la que los constructores griegos realizaron sus obras. Durante mucho tiempo se ha supuesto que los dibujos con los que se construyeron los templos griegos se habían perdido. La extraordinaria aportación de Haselberger revela que esos dibujos estaban en la plataforma de los edificios y que las columnas y muros se desplantaron sobre ellos, a la misma escala en la que se construyeron. Al analizar las ruinas del Templo de Apolo en Dídima (334 a.C.), una enorme plataforma de 120 por 60 metros sobre la que se desplantaban 108 columnas de 20 metros de altura —de las que sólo algunas siguen en pie—, Haselberger descubrió las huellas que habían dejado sus constructores. Posteriormente, las han verificado también en los templos de Atenea, en Priene y en el de Artemisa en Sardis.

En el Templo de Apolo se dibujaron sobre la plataforma cada una de las bases de las columnas y su trazo vertical sobre los muros. Como la obra no se terminó, porque la construcción fue abandonada en el siglo IV, esos trazos eran aún visibles, pero nadie los había relacionado con los elementos constructivos del templo.

Después de ese descubrimiento, parece obvio que los edificios se desplantaban sobre los dibujos que se hacían sobre el piso, pero el problema se complicaba con el trazo de las fachadas verticales porque no se podían hacer dibujos de ese tamaño. La solución que Haselberger encontró fue que los trazaron horizontalmente, sobre las paredes. Eso explica por qué esas huellas “desaparecían” a medida que el templo se construía; los dibujos de las columnas quedaban bajo las columnas y los trazos sobre los muros desaparecían al pulir la piedra.

Lo sorprendente es que todos esos trazos geométricos se hacían con instrumentos rudimentarios y —aun así— se lograron refinamientos asombrosos, como correcciones ópticas en la forma y disposición de las columnas y las plataformas, que impulsaron un enorme adelanto en la geometría y en el manejo de las simetrías.

En Mesoamérica, además de dibujar las huellas de las columnas y muros en la base de los edificios, se realizaron maquetas que reproducían —a pequeña escala— el volumen del edificio y que permitieron resolver las complicadas simetrías de muchos templos. 

En una bellísima colección de 38 láminas, el arquitecto Eduardo Sacriste publicó los dibujos —todos a la misma escala— de las huellas de diferentes edificios, desde la Sala Hipóstila, en Karnak (1312 a.C.); el Templo de Salomón (936 a.C.); el Palacio, en Mitla (1400); la Basílica de San Pedro, en Roma (1450-1605); el Palacio de Cristal, en Londres (1851), que cubrió 76 mil metros cuadrados; la Galería de las Máquinas, en París (1889), con un claro de 112 metros; o la capilla de Ronchamp (1952).

Las huellas de esos valiosos edificios permiten ver la evolución de la arquitectura, la lucha por construir espacios cada vez más grandes y con menos columnas y la extraordinaria capacidad creativa y técnica de sus arquitectos.

*Haselberger L. The construction plans for the Temple of Apollo at Didyma. Scientific American, vol. 253, dec. 1985 p.126.132

Sacriste E. Huellas de edificios. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1962

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