Diseño: eficiencia, desempeño y propósito

Las fallas son la única manera de saber que la función fue incorrecta.

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Antonio Toca 08/02/2014 00:59
Diseño: eficiencia, desempeño y propósito

De la misma manera que en la naturaleza, los artefactos creados por el hombre siguen el mismo principio de eficiencia, pero su desempeño está condicionado por los propósitos del diseñador, del mercado o de los valores culturales vigentes y, por tanto, su eficiencia sólo se puede evaluar según esos propósitos. El propósito de un artefacto —y su desempeño— han sido poco reconocidos en la actividad del diseñador; pero son fundamentales para poder avanzar en los procesos de creación, innovación o adaptación de los artefactos.

Evaluar el desempeño de lo ya construido permite mejorar cualquier diseño porque se pueden evitar los errores detectados, aunque ya no se pueda cambiar ese diseño. De hecho, las fallas de los artefactos —en cualquiera de sus escalas— son la única manera de saber que su desempeño fue incorrecto. Lo que casi no se ha estudiado y puesto en práctica es que la evaluación del propósito, y de la eficiencia de un diseño, puede ser iniciada desde su conceptualización, sobre datos comprobables y objetivos, evitando así errores causados por su ineficiencia.

Durante mucho tiempo se ha utilizado la belleza como excusa para no evaluar la eficiencia de un artefacto, en cualquiera de sus niveles; además, como la belleza depende de los criterios subjetivos parece casi imposible evaluarla. Sin embargo, sí es posible cuantificar el desempeño y la eficiencia de cualquier diseño.

Se han dado centenares de definiciones sobre el diseño, pero lo que se requiere es una general, que incluya tanto sus características, como su objetivo y contexto básico*. Siendo el diseño una de las actividades más antiguas realizada por el hombre, es necesario que su definición incluya también sus diferentes escalas, como la arquitectura o el desarrollo urbano.

Desde 1964, Christopher Alexander definió el desarrollo de los proyectos de arquitectura y de planeación urbana como una actividad del diseño, entendido éste de la manera más amplia. A partir de esa definición, y de manera progresiva, el término arquitectura ha sido sustituido por el de diseño y se habla ahora de diseño arquitectónico, diseño urbano, de paisaje, etcétera.

Herbert Simon, en su libro Las ciencias de lo artificial, expuso claramente la amplitud de esta actividad, sus características, y sus límites: diseña todo aquel que concibe un curso de acción dirigido a cambiar situaciones existentes, a las deseadas…

Desde lo más lejano del tiempo, el Homo faber realizó diseños que hizo cada vez más eficientes, que le permitieron una mayor ventaja sobre su entorno y que propiciaron un aumento en su capacidad cerebral y en su conciencia. El diseño no sólo define a la actividad del diseñador, sino que abarca todo el proceso creativo, por medio del cual una idea, estructura, objeto, proceso o situación, es elaborado, desarrollado, realizado o modificado, tomando así una forma y una imagen específica. Ese es el sentido del término alemán Gestaltung; mucho más amplio y completo que el que se ha usado a partir de la definición inglesa ­—design­— que se ha popularizado desde el siglo XIX.

La enorme plasticidad del término diseño ha permitido que se integren bajo ese concepto las actividades de los arquitectos, fotógrafos, diseñadores gráficos, industriales y del paisaje, y todas las diferentes áreas de creación de productos, con el propósito de con-formar la cultura material.

 

*El diseño es una actividad que transforma el entorno, para mejorar las acciones humanas. 
 Doctor Jorge Sánchez Antuñano.

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