Homosexualidad crónica

Aún existe gente poco tolerante, pero me niego a fomentar la ignorancia.

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Anna Bolena Meléndez 03/09/2014 00:00
Homosexualidad crónica

En Estados Unidos, un hombre se encuentra en medio de una demanda hacia un médico que colocó en su expediente que padecía de “homosexualidad crónica”, como si dicha preferencia sexual fuera una enfermedad a la que hubiera que nombrarse en un expediente clínico.

Por supuesto, la clínica en donde trabaja ese doctor ya no sabe qué piedra levantar para acabar con este problemita en el que los metió un “profesional” retacado de prejuicios obsoletos y juicios imputables.

No me sorprende que estas cosas sigan sucediendo.

Comprendo que todavía exista gente en este mundo poco tolerante a la diversidad sexual. Comprendo que venimos de una historia de poca flexibilidad en cuanto a las preferencias carnales se refiere. Comprendo, también, que se vale que cada quien acepte o no acepte determinadas “conductas”, si es que así se le pudiera llamar a la homosexualidad, aunque no creo.

Sin embargo, lo que me niego a fomentar es la ignorancia.

Y nótese por favor, que cuando yo utilizo la palabra ignorancia no lo hago bajo la ignorancia de lo que esta misma palabra significa. Muchas personas ligan la palabra ignorancia con incultura y, a veces, en extremos más viciosos, con analfabetismo.

La ignorancia es la circunstancia de ignorar algo. Yo, por ejemplo, soy ignorante en muchos temas y no me avergüenzo de aceptarlo. Asimismo, muchas personas son ignorantes en cuando a la realidad de los homosexuales.

En épocas pasadas, muchas personas eran ignorantes en cuanto a la realidad de los afroamericanos o las mujeres o cualquier otra minoría que era oprimida por eso mismo: ignorancia.

Ahora, para los que desean salir de la oscuridad de la ignorancia, no hace falta más que ganas y disposición para informarse.

La homosexualidad no es una enfermedad, no es una condición y mucho menos es un pecado.

La homosexualidad no se quita pues no es gripa. Es justamente por esta ignorancia a la que me refiero que hasta han surgido “terapias” que buscan quitar lo homosexual a una persona. Terapias que consisten en electrochoques que pueden afectar la integridad sicológica y física de las personas a las que se someten a ellas.

Es la misma ignorancia la que lleva a las masas a los odios y a crear teorías de gelatina que se derriten ante el primer argumento de quien carece de dicha ignorancia.

Cada quien tiene el derecho de creer lo que quiera. Cada quien tiene el derecho de pensar que comete determinados pecados, cada quien tiene el derecho de opinar si los homosexuales deberían o no ser padres de familia, casarse y ser merecedores de la igualdad social, pero su opinión no les da derecho a entorpecer los procesos de crecimiento de la humanidad.

Cada quien tiene el derecho de ser tan ignorante como quiera, pero en este siglo es de cada quien tener el valor de informarse o mantenerse inerte navegando dentro de esa masa de ignorancia que tanto daño le hace a nuestra sociedad.

La ignorancia… eso sí que es una enfermedad crónica.

 

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