Cada quien su oscuridad

Somos seres llenos de energía, nos movemos por y a través de ella.

COMPARTIR 
Anna Bolena Meléndez 02/09/2014 00:00
Cada quien su oscuridad

Llegué a la casa de una amiga a la cual no había ido jamás. Esos edificios que uno no entiende por dónde entrar y que prefiere detenerse un momento para no errarle. Me detuve a un lado, con cuidado de no bloquear las puertas para llamar a mi amiga a que me orientara.

En efecto, la entrada era compleja. Una vez me explicó pude encontrar la subida hacia el valet. Allí, me detuve frente al edificio en donde el señor del valet me hizo señas para que dejara el carro. Mientras me organizaba para bajarme, vi por el espejo retrovisor a un personaje acercarse, a pasos grandes, enojado, muy enojado.

Se paró junto a mi ventanilla y la bajé para ver qué se le ofrecía. No me dejó decir ni “mú”, de una vez comenzó a gritar y a alegar: “¡Es usted tonta!, ¡¿qué no se da cuenta que aquí no se puede detener?! ¡Esto es un estacionamiento privado!”. Entonces intenté, en medio de mi shock por ser tratada así, explicarle a Pitufo Gruñón que estaba esperando a que me recibieran el carro.

El hombre no paró de gritar, de alegar un montón de cosas que yo, de verdad, no entendía.

Mi única reacción fue preguntarle por qué motivo me hablaba así, por qué me agredía si yo a él no le estaba haciendo nada. Sin embargo, no puedo negar que por dentro mi sangre comenzaba a hervir. ¿Quién se cree este tipo para hablarme de tales formas? ¡Yo era nueva allí y no tenía idea de nada! Me calmé, respiré, no me descompondría como ese sujeto.

Pero el hombre seguía gritando, no me dejaba hablar, solamente alegaba lo que en su mundo, en su enojadísima cabeza, sucedía. Yo me salí de mi carro y el mismo del valet me anunció que ese personaje era el gerente del valet y que estaba loco, que no le hiciera caso, que así era él.

Más tarde, cuando decidí regresar a mi casa, mi amiga bajó conmigo para hablar con ese personaje y pedirle una explicación por el trato a las visitas. Para no hacer la historia tan larga como fue, el hombrecillo terminó gritando de nuevo, esta vez a ambas que nos mirábamos sin entender la neurosis del personaje en cuestión.

“¡Cuando yo tengo la razón, tengo la razón y punto!”, fue su último alegato, con el que me subí a mi carro a respirar tras la congestión que el cuerpo experimenta en estos episodios de mala energía.

“No reaccionar”, dicen los grandes maestros de espiritualidad, cuando uno se encuentra en dichas circunstancias lo mejor es mantenerse calmo y no permitirse un exabrupto que dañe su energía.

Somos seres llenos de energía, nos movemos por y a través de ella, respiramos energía, comemos energía y vibramos energía.

Una persona que se permite vivir una vida negativa, llena de neurosis y furias es una persona que  no puede fluir con su entorno y, normalmente, gracias a esa misma vibración que emite, atrae cosas negativas a su vida. Cada quien sus karmas, sin embargo, vale la pena recapitular y analizar cuándo somos nosotros los que por momentos nos convertimos en esos seres que emanan vibraciones negativas contaminando nuestra propia vida.

Nadie es culpable de tus enojos más que tú. Nadie te hace enojar, tú solo te permites enojarte ante los estímulos de afuera. No es fácil no reaccionar, de hecho es lo más difícil que hoy en día trabajo, pues las reacciones son eso: reacciones, y controlarlas requiere mantenerse alerta a cuando se puedan presentar.

Si podemos manejar eso, podemos manejar nuestra vida, nuestra energía, y así podremos vibrar siempre en la mejor sintonía para recibir las bendiciones que el universo tiene para nosotros.

                www.twitter.com/AlasdeOrquidea

                Annie@TaconesyCorbatas.com

                www.taconesycorbatas.com

                www.alasdeorquidea.com

                www.facebook.com/AlasdeOrquidea

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red