El juego de la memoria

Ahora, tomarme una foto es casi un acto heroico pues debo de pensar en tantas cosas que al final todas se me olvidan. Lo único que me alienta es saber que no soy la única...

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Anna Bolena Meléndez 01/09/2014 00:00
El juego de la memoria

Una de mis más profundas pasiones es la fotografía. Sin embargo, en tiempos pasados disfrutaba también salir en ellas, ahora ya no tanto.

Últimamente me fascina capturar momentos y saber que estaba allí implícitamente, detrás de mi cámara ¿si no, quién más la tomó? ¡pues yo! ¡Yo estaba ahí! A lo mejor en un reflejo o en un simple recuerdo.

Pero es que me pasa que antes, cuando estaba jovencita, no importaba la pose, no tenía nada qué cuidar. Sonreía como quería, no pensaba en la posición de la cara, en la correcta inclinación de la mandíbula con respecto a la línea del perfil que más me beneficia… bla bla bla.

Ahora, tomarme una foto es casi un acto heroico, pues debo de pensar en tantas cosas que al final todas se me olvidan.

Lo único que me alienta es saber que no soy la única, sin embargo, me llevé una buena lección.

Mi madre, maravilloso espejo de mi vida, sufre de la misma presión a la hora que alguien dice “sonrían”.

Y es que vuelve la burra al trigo; si a los treintas uno piensa en tanta fregadera para una simple foto, me imagino avanzada la edad y ahora con esto de las redes sociales es un problemita lograr que una madre le deje a uno subir una foto.

Me pregunto cuántos mensajes se recibirán en los distintos FB´s del mundo en los que el subject sea: baja esa foto. Pues alguien sube una foto y no se da cuenta de las mil y un cosas que uno cuida de su físico, que la papada, que la arruga de no sé donde, que la barriga, el brazo de pozolera, la pose de jirafa.

Y como el otro no se da cuenta, ahí anda uno pidiendo que bajen las fotos que desatinadamente se dejó tomar después de tres tequilas y olvidó la rigurosidad de la pose.

Lo peor es que las cosas no mejoran. Si ahora, compañeras de los treintas, sufrimos por la papada de medio lado, agárrense para cuando lleguen los cuarentas y luego los cincuentas, porque entonces sí que será un reto salir medianamente bien en una foto (o por lo menos que nos guste).

Recuerden, si a los veinte toca poner la cara de medio lado, tantito para abajo, pero no mucho por la papada, tantito para arriba, pero no mucho por el cachete, tantito de medio lado, pero no mucho por la arruga… hum… uno se va quedando sin posturas.

Lo único bueno es que cada que uno se toma una foto es como un juego de memoria. Afinar lo que a los veintes exigía, lo que a los treintas era obligatorio, lo que a los cuarentas era inmejorable y a los cincuentas medio te vas resignando.

Más que una foto es un juego de memoria que tampoco resulta tan malo por aquello de la llegada del alemán, así que en vez de andarse quejando capitalicen el jueguito para que luego no se les olvide y pierdan el glamour.

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