Corazón de piedra

El amor sigue siendo una semilla de vulnerabilidad.

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Anna Bolena Meléndez 28/08/2014 00:00
Corazón de piedra

Según la ciencia médica, el corazón es el único órgano que, con la edad, se hace más fuerte.

Se supone que si experimentamos un infarto en los treintas —o a más temprana edad— las probabilidades de que la libremos son pocas.

Cuanto mayores somos más fuerte es nuestro corazón y son más las probabilidades de sobrevivir un episodio de este tipo.

Y me pregunto, ¿cómo es que el órgano que con la edad se hace más fuerte, sigue siendo ingenuo a la hora del amor?

Una mujer pasados sus 50 años se casa con un hombre después de tres meses de conocerlo y sabiendo de antemano que aquel hombrecillo no sólo era divorciado sino que ninguna de sus relaciones había durando más de ocho meses.

Ella deja todo por él, su país, su vida, entregó su departamento y voló con su almohada rumbo a tierras de las que no era residente y en donde no conocía a nadie.

Cirilo, padre de dos hijos adolescentes con quienes vive y a donde llevó a vivir a Cirila, le pidió a la que supuestamente sería su esposa que no hablara muy fuerte sobre su matrimonio pues la familia —de él, por supuesto— era muy susceptible a los cambios (¿whaaaat?).

Pero esas campanas, tan claras para todas que leen y para mí que me contaron la historia, no fueron escuchadas por Cirila quien debió ver los focos rojos de un Cirilo que quería esconder un matrimonio, antes de dejar su vida y salir corriendo tras él.

Cirila, en cambio, prefirió hacer caso omiso de esas mil campanas casi de Catedral y sin pensarlo se casó y se fue a vivir con su Cirilo y sus chilpayates que la agarraron de empleada del servicio, cuestión avalada por su propio marido que le alegaba que como ella no estaba trabajando lo mínimo que podía hacer era servirle a él y a sus hijos.

Cabe mencionar y resaltar que no tiene nada de malo trabajar en el hogar, pero lo que no se vale es que la orillen u obliguen porque ella no se encuentra en condición migratoria de trabajar o porque simplemente su vulnerable situación de haber dejado todo no le ha permitido ubicarse tras pocos meses de dejar su país.

Y así, me pregunto cómo es que el corazón, siendo un órgano que se supone que con la madurez se fortalece, pareciera que cuando de amor se trata, no aplica el mismo principio.

Y es que cuando una mujer pasa la edad de la punzada y más aún, cuando ya vivió lo que es el amor y hasta hijos propios tiene, uno pensaría que la sabiduría de su corazón no le permitiría cometer errores que parecieran un tanto ingenuos.

Pero ya vemos que no, que no importa la edad ni la situación mental o emocional que afrontemos, el amor sigue siendo una semilla de vulnerabilidad que vive y vivirá sembrada en nuestro interior.

Por eso no nos queda de otra más que no juzgar a los demás por sus decisiones de vida, porque nunca sabremos exactamente en qué zapatos y en qué lugar se encuentran y el porqué de sus desatinadas —para nosotros— decisiones.

Aparentemente todos nuestros corazones se podrán volver más fuertes ante los infartos pero no ante las vicisitudes del amor.

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