Aquí, ahora

La meditación es una práctica que nos lleva al mejoramiento de nuestra vida...

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Anna Bolena Meléndez 19/08/2014 00:00
Aquí, ahora

La semana pasada escribí una columna sobre la meditación tan necesaria para una vida equilibrada y feliz. Para mi sorpresa, fueron varios los correos que recibí de personas que se agradaron con el tema y que, como nos pasa a muchos al principio, no saben ni por dónde comenzar para llevar una vida más en paz e incluir la meditación en ella. Intentaré ayudar.

En mi experiencia les puedo decir que todo fue llegando. Cuando decidí que daría un giro a mi vida y haría caso a las señales que casi me obligaban a probar yoga y meditación, me inscribí a clases de yoga esperando que ese día la luz mostrara la cara.

Mi primera impresión no fue muy buena. La verdad es que no me gustó taaaaaaanto como veía que otros disfrutaban. No comprendía qué era eso que les movía, pues para mí eran puros estiramientos dolorosos, sudorosos y muy cansados.

No lograba llevar el ritmo ni la respiración ni nada. Así empieza uno: no hay nada que hacer. Poco a poco, con la comprensión de las asanas (posturas) y el uso de la correcta respiración, uno comienza a disfrutarlo tanto, que el mismo cuerpo lo pide.

Lo mismo pasa con la meditación.

La meditación es una práctica que nos lleva al mejoramiento de nuestra vida espiritual. Nos pone en contacto con nosotros mismos, con el medio en el que vivimos y nos enseña a respirar. Pero no es nada estrambótico, es mucho más fácil de lo que la mayoría piensa. El problema y la solución radican en la respiración y, aunque no lo crean, la mayoría no sabe respirar. Yo no sabía. Los que hoy saben, antes no sabían; muchos siguen sin saberlo.

De pequeños nadie nos enseña a hacerlo. Los padres creen que porque uno respira desde que nace sin ayuda de nadie, entonces es porque es innato y no hay nada que enseñar. Se equivocan, y el error es craso.

La respiración es lo que a nosotros, seres humanos, digamos que nos modula la vida. No solamente porque sin ella morimos, sino porque según ella existimos. Podemos calmar una ira a punta de respiraciones, podemos aliviar un dolor o empeorarlo, todo con la respiración.

En la meditación hacemos consciente nuestra respiración. Aprendemos que la inhalación debe de ser del mismo largo de la exhalación, como si estuvieran sincronizadas, digamos que cuatro segundos una y luego otros cuatro la otra. No debe de ser tan profunda que moleste ni tan superficial que no llene nuestros pulmones. Tan sólo con esto, con que diario uno se siente en flor de loto a hacer este bello ejercicio de respirar por un ratito, les garantizo una mejora inmediata.

Meditar es encontrar, por medio de la respiración, la paz en cualquier lugar que estemos, no importa si es en el Periférico un viernes de tormenta a las siete de la noche.

Meditar es cerrar los ojos y hacer conscientemente la respiración, dejar pasar los pensamientos que la mente genera y no engancharnos en ellos, abrir los cinco sentidos al momento que estamos viviendo y simplemente fluir con nuestra respiración y lo que sea que sucede a nuestro alrededor.

Lograr este estado mental durante todo el día, desde una cita con el jefe hasta la misma práctica de yoga, ese estado en el que no haya pensamiento sino sólo puro presente es la única manera de llegar a la paz.

Namasté.

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