La pedida de perdida

Así veía a esa pobre güerilla (la del video) al borde de un infarto.

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Anna Bolena Meléndez 18/08/2014 00:00
La pedida de perdida

Ese nuevo sistemita de Facebook en el móvil que no te da opción de escoger si quieres ver un video o no, sino que más bien lo comienza a correr sí o sí; yo no sé a ustedes, pero me tiene un poco harta.

No sólo no paro de, sin querer, ver videos que no quiero ver, sino que me roba más tiempo de lo normal, pues veo otros en los que sí me voy quedando pegada.

Se podrán imaginar que con este fin de cazar temas diarios para este espacio, uno ya levanta hasta las piedras, por su puesto que no pude evitar el antojo de quedarme mirando uno en la que le pedían la mano a una mujer de una manera demasiado estrambótica, literalmente.

A mí me vale madres lo que cada quien quiera, si se lo dan ¡qué bueno! de eso se trata, de que todos seamos felices con lo que queremos y lo que nos gusta, pero igual, mi víbora Cirila interna no deja pasar cosas como ésta.

Resulta que era una pedida de mano que ni que Steven Spielberg la hubiera producido. O sea, plan producción y toda la onda. Yo no tengo idea si lo que estaba viendo era algún episodio de reality gringo, pero ¡OMG! Jamás en la vida había visto una pedida así (bueno sí, la famosa de la canción esa de Bruno Mars, pero esa es otra historia).

En fin, mi punto es que, aunque entiendo por qué las mujeres encontramos tan significativo dicho momento, no comprendo por qué casi, casi, que es de buen agüero que tu novio se la rife en la pedida. Pero es que ya hay Cirilas que se pasan de veras, unas que le piden tanto circo, maroma y teatro al novio que ya ni sabes si la pedida es para ellas disfrutarla o para ganar la competencia secreta entre su club de amiguis. Y aunque yo jamás soñé con una de producciones de Hollywood, sí debo decir que el momento en que Mr. JC me diera el anillo, me generaba demasiada expectativa.

Así veía a esa pobre güerilla (la del video), al borde de un infarto de la felicidad cuando al mejor estilo Cirque du Soleil hasta le pusieron el vestido para que no sólo fuera pedida sino boda incluida (claro, después del gasto de semejante producción, ya por lo menos uno aprovecha).

¿Me pueden explicar de qué fantasía gringolandia nos adueñamos de la bendita pedida con bombos y platillos? O sea, ¡hello! Nos choca que alguien más hable en spanglish, pero eso sí, las tradiciones gringas nos las adueñamos toditas. Y ahí van los pobres Cirilos detrás de su Puchungüita a ingeniarse algo mejor que el anillo en el pastel, a buscar en la pila de películas rosas de Cirila a ver cómo le pidieron la mano a Cameron Díaz, Sandra Bullock o Julia Roberts. ¡Dios nos libre de un anillo en el pastel o en la copa de champaña o en un partido de futbol americano! ¡Qué oso! ¡Eso ya es muy noventas! —dirían las amigüitas de Cindy, la Regia—.

Pero es en serio, muchas mujeres que hoy en día reciben el anillo de manera trillada (o vergonzosa que para el caso es lo mismo) se la sabrán cobrar con retroactividad y sangre al pobre Cirilo cero creativo en alguna pelea 15 años después. Sí, señores, la pedida es casi tan importante como el anillo. No importa qué tan grande sea la roca si el anillo se lo escondieron en un pastel de chocolate, ya la cajetearon. Sobre todo si escogen a una de las primas de Cindy para casarse.

Y al que no le guste, pues que no se case o que busque una más pandrocita.

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