El halago es de quien viene

Odio cachar a un hombre que siguiendo su camino voltea a mirarme las nalgas.

COMPARTIR 
Anna Bolena Meléndez 30/06/2014 00:00
El halago es de quien viene

Mi compañera Caro Saracho de ActitudFem habla muy atinadamente sobre algo que yo nunca había logrado ponerlo en tan exactas palabras.

Debo admitir que como mexicana que se respete odio pasar por el lado de una construcción, no porque sea una burguesa insoportable, porque no lo soy, de hecho disto de ser burguesa aunque a veces pueda ser bastante insoportable (en mi defensa es mi tiroides, no yo).

Me molesta pasar por esos lugares llenos de hombres hambrientos por sabrosearse a una mujer, por acosarla y hacerla sentir mal. Esos hombres que te dicen: “Mamacita rica”, “¿Qué comen los pajaritos?”, “Por ti sí me tiro del tercer piso” y demás molestas frases que uno hace como que no escucha, lo hacen por reírse entre ellos, por bullearte más que por halagarte. Porque se sienten muy hombres amedrentando a una mujer, no son machos, pero son muchos.

Me encantan los halagos cuando son honestos. Me fascina cuando un hombre, respetuosamente, me dice que me veo linda, me dan ganas literalmente de brincarle al cuello y abrazarlo. Agradezco cuando alguien de mi familia me toma de la cara y me dice que con los años me pongo más hermosa, me ayudan a creerlo porque me lo dicen con amor.

Me derrito ante mi marido cuando me mira de arriba abajo y con su mirada lo dice todo, conozco sus ojos y sus lugares favoritos de mi cuerpo y me halaga gustarle al hombre que escogí como mi compañero de vida.

Pero no me pidan que sienta lo mismo cuando paso por un grupo de hombres que mira el lugar favorito de mi marido con ojos de lujuria, como si fueran animales (con profundo respeto a los animales), como si en ese momento pudieran arrancarte la ropa sin tu consentimiento.

Odio cachar a un hombre que siguiendo su camino voltea a mirarme las nalgas, detesto que me miren el pecho como si su madre no les hubiera alimentado cuando fueron pequeños.

En otro países, en donde el acoso sexual es verdaderamente penado y los hombres le tienen miedo a una demanda de ésas, ningún hombre es capaz de mirarte lascivamente o decirte ninguna tontería, por lo menos no que tú te des cuenta. Caminar por las calles y saber que, aunque pases por una construcción, nadie te va a decir nada, es valioso, pero eso viene desde las reglas y leyes de un país.

En México el sistema es muy tolerante con el acoso. Hay acoso por todos lados: en las calles, laboral, en los colegios, nadie hace ni dice nada.

Y para acabarla de amolar, cuando abusan de una chica, sale algún representante de la Iglesia a decir que se lo merecía por andar vestida de falda.

No señores, las mujeres no tenemos por qué vestirnos para cuidar que la bestia lasciva no se vaya a despertar. Los hombres tienen que ser capaces de controlar sus instintos y más aún aprender que no por estar en bola tienen derecho a molestar a una mujer que pasa por ahí.

Así que no, no pienso que cuando me gritan desde lejos “mamacita” me debo sentir bien o guapa, por el contrario, me siento miserable, avergonzada y de alguna manera temerosa. No puedo “no hacerles caso” mi ser no me lo permite y tampoco puedo evitar sentirme enojada porque vivamos en un país en el que todavía existe ese tipo de acoso y nadie hace nada.

                www.twitter.com/AlasdeOrquidea

                Annie@TaconesyCorbatas.com

                www.taconesycorbatas.com

                www.alasdeorquidea.com

                www.facebook.com/AlasdeOrquidea

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red