Las cosas al revés

Creo que el sexo no da mucho chance a que otras cosas sucedan.

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Anna Bolena Meléndez 27/06/2014 00:00
Las cosas al revés

Mucha gente piensa que si las relaciones no empiezan en fogonazo absoluto, entonces es porque no están destinadas a funcionar.

O sea, si no conozco a un Cirilo con el que en el momento que lo veo, quiero tener todo de todo, entonces quiere decir que ni al caso. Mmm error. Esas relaciones que comienzan con llamarada de petate se extinguen más fácilmente.

Las mejores relaciones que conozco —y por favor, a los sensibles les suplico que controlen sus nervios, porque no estoy generalizando— son las que poco a poco se fueron enamorando. Por lo regular, al principio no dieron un peso por la relación y cuando menos se dieron cuenta ya estaban cacheteando banquetas.

Una pareja que se conoce de a poco, que se da su tiempo para que las cosas fluyan y así suceda la magia, bien puede terminar convirtiéndose en algo estable y con futuro.

Mi madre dice que lo que empieza mal, mal acaba. Y no quiero decir con eso que quienes empiezan su relación dando brincos en el colchón estén destinados a fracasar, pero sí quiero decir que la media —ojo a los sensibles— marca que quienes empiezan entregando todo terminan con nada.

No es un pensamiento anquilosado, mucho menos conservador. No creo que el sexo arruine las cosas, pero sí creo que el sexo no da mucho chance a que otras cosas sucedan.

¿Por qué creo eso? Porque los humanos somos muy obsesivos cuando de sexo se trata. Una vez nos gusta algo no queremos salir de la cama y, créanme que el mejor lugar para conectar con una persona espiritualmente no es la cama; por lo menos no al principio.

Con esto dicho, vuelve la burra al trigo y todo se reduce a que el sexo no es la mejor idea cuando es prematuro. Conozco parejas que no se alcanzaron a decir el nombre cuando ya estaban en aquellito, luego se casaron. Una vez más, no es la media, de hecho esto se sale, por mucho, de la estadística de cómo se dan las relaciones.

Mi pensar es que el sexo se debe tener con buen timing, como dicen los gringos. No voy a generalizar a los Cirilos, porque no me gustan las generalizaciones, pero, la verdad sea dicha, la gran mayoría de ellos pierden el interés en una mujer con la que han tenido sexo varias veces y escasamente la conocen.

El sexo es una especie de “premio” para ellos y no estoy hablando del método Pavlov ni mucho menos del condicionamiento, sino de matemática básica. Si un hombre tiene sexo con una mujer durante una semana y no se da el tiempo para saber qué tiene esa mujer por dentro, quién es verdaderamente, cómo es su espíritu, se aburre y entonces, busca algo nuevo.

Los one night stands seguirán siendo eso, divertidos, esporádicos y fortificadores del ego, probablemente, pero un hombre que de verdad te interesa debe de recibir otro tratamiento, uno especial, uno en el que pueda ver a la mujer que eres y poco a poco irse enamorando, para que cuando tengan sexo haya rayos y centellas.

Así, el pacto de una pareja se sella, cuando se conocen, se gustan, de repente se empiezan a querer y entonces llega la comunión máxima. Luego, poco a poco, la magia sucede, cuando de la nada te encuentras en una relación de verdad.

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