Felicidad predispuesta

La decisión de tener hijos o no tener hijos es de cada quien.

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Anna Bolena Meléndez 25/06/2014 00:00
Felicidad predispuesta

Les juro que hice un experimento en mi Facebook personal para comprobar lo que sabía que pasaría:

“Hoy es un día especial para mi esposo y para mí”, fue mi post, y así se dejaron venir los comentarios al marco: ¿Estás embarazada?

¡OMG!

A las mujeres nunca nos cesa la presión. Cuando estamos solteras, porque estamos solteras, ¿cuándo nos vamos a casar? Cuando nos casamos, entonces, ¿cuándo nos vamos a embarazar? Cuando tenemos al primer chilpayate, ¿cuándo vamos a tener el segundo? Y así, la vida es una serie de eventos qué cumplir para mantener feliz a la cuadriculada sociedad.

Justo hablaba con una amiga, que tampoco tiene hijos y tiene un matrimonio de 12 años, sobre el tema. La sociedad piensa que lo que sigue después de casarse es tener hijos, que si uno no tiene hijos, entonces será infeliz toda la vida. Eso les enseñaron, eso les metieron en el chip desde que nacieron, pero existimos personas que no estamos seguros de ello, personas que no basamos nuestra felicidad en procrear y que tenemos un millón de cosas diferentes por qué sentirnos felices.

Eso no quiere decir que un hijo no sea una bendición. Estoy segura que lo es, y si la vida decide que sea madre, lo seré, y les diré que es lo mejor que me ha pasado en la vida y que toooodo ese llanto y desvelo se alivia con una sonrisa de mi chamaquillo.

Cuando le pregunten a una pareja si no piensa tener hijos y la respuesta sea “no sabemos aún”, por favor, les suplico, no pongan esa cara que automáticamente pone todo el mundo, como si quien no sabe si quiere hijos estuviera cometiendo el peor error de su vida.

Casi estoy segura que muchos que tienen una fila de chilpayates no dicen lo que verdaderamente piensan de la paternidad, porque no les queda de otra. Pero aprendamos a respetar, de una vez por todas, lo que las personas quieren y no quieren.

Además, hay muchas mujeres y hombres que no pueden procrear, aun así, no van por la vida diciendo “es que no tenemos hijos porque no podemos” , esas personas mucho menos necesitan que sus familiares y amigos los “convenzan” de tener hijos. ¡Prudencia, señores, prudencia!

Tenemos que aceptar que el mundo va cambiando y se quedan los que se anquilosan en pensamientos añejos, como que una pareja que no tiene hijos no es feliz.

Los mejores argumentos de quienes te quieren convencer de tener hijos divagan entre: va a llegar un momento en que se van a aburrir y el mismo matrimonio les va a pedir hijos y ¿qué van a hacer cuando estén viejos, quién va a ver por ustedes?

Antes que nada, quiero decirles que muchos de los matrimonios más felices que conozco no tienen hijos y no se arrepienten de no tenerlos. No se aburren con ellos mismos, se gastan su dinero en viajes y no en colegios, tienen el tiempo en las manos y no se quejan de que los hijos son unos malagradecidos.

¿Quién va a ver por quienes no tienen hijos cuando estén viejos? Jamás tendría un hijo con el fin de que se encargue de mi vida en la vejez. Ése no puede ser el móvil, como tampoco puede ser “darle nietos a los padres” o “es lo que sigue”. Nada es lo que sigue, lo que sigue es lo que tú mismo decidas que sigue, y si tus padres no tienen nietos, pues encontrarán formas alternas de seguir siendo felices en su vida.

La decisión de tener hijos o no tener hijos es de cada quien. Así como lo es casarse y qué estudiar para el futuro. Nadie tiene derecho de cuestionar al prójimo por sus elecciones, cada quien que haga de sus nalgas un papalote.

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