Las que sobrevivimos al Mundial

No comprendo por qué la gente casi se deprime si su equipo pierde.

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Anna Bolena Meléndez 20/06/2014 00:00
Las que sobrevivimos al Mundial

No señoras, yo no pertenezco al grupo en el que las mujeres se ponen camisetas de su equipo y gritan gol como narrador aficionado. No soy de las que está pendiente cuándo va a jugar México ni Colombia y mucho menos me interesa si Bosnia perdió frente a Argentina (que no me interese no quiere decir que no esté informada).

Yo soy de las mujeres que sobrevivimos al Mundial. De ese grupo que en silencio nos choca que llegue el Mundial porque todo gira en torno al bendito juego de pelota, desde las conversaciones masculinas hasta las recetas de pinterest.

Yo soy del grupo de las que cuando el marido dice que Inglaterra e Italia van a jugar y va a ser un megaultraincreíblepartido, pienso ¡claro! Los italianos son megaultraincreíblementeguapos.

Yo formo parte de las que se engordan cual pavito de Thanksgiving tragando cuanta cochinada se puede durante el Mundial, mientras ve partidos que no le interesan y escucha narradores que la aturden. Esa soy yo, una que piensa que un partido de futbol debería de durar lo que duran en los jueguitos de Playstation y que jamás a logrado entender qué carajos es un fuera de lugar.

Tan perdida estoy con el bendito Mundial que escribo esta columna casi una semana después de que la Copa del Mundo haya comenzado.

No puedo negarles que me alegra que gane México y que sonrío al conocer el marcador con el que arrancó Colombia, pero si pierden tampoco es que me quite el sueño. No comprendo por qué la gente casi se deprime si su equipo pierde, aún así lo respeto y dejo que me platiquen sobre goles que no vi, tarjetas amarillas injustas, penales mal cobrados y árbitros vendidos. Cada quien tiene derecho a desahogarse de lo que lo ahoga.

El Mundial siempre me ha significado un buen pretexto para irme a tomar cerveza con amigos y a festejar después de un triunfo futbolero. Más joven le hacía fuerza de corazón al equipo, no porque realmente me importara que ganaran, sino porque, mis amigos se aguacataban y saboteaban nuestra diversión posterior;
por el contrario, si ganaban entonces la fiesta duraba más que el conejito de
Duracell.

Pero la neta, la neta, la neta, a mi el Mundial me tiene sin cuidado. De hecho, lo veo como un alto Everest al que le restan 28 días de que todo el mundo quiera no perderse partidos de equipos a quienes ni siquiera conocían, de que mis redes sociales estén llenas de “gooooooooool” o “maldito árbitro” o “eso no fue falta”.

¡Por respeto a la espada del augurio! ¿Saben cuántas personas postean “gooool”? ¡Sean originales!

Yo soy de las mujeres que no se identifican con los comerciales que ahora intentan empoderar a las mujeres en el futbol: “El futbol es cosa de mujeres”, dice una tienda departamental estadunidense. No me identifico, lo siento, no me toca fibras, no me gusta ir al estadio, me choca que mis tiempos se definan por un partido de futbol y no me tiro por la ventana si el equipo de mi país se regresa a casa.

Yo soy de las mujeres que se shuta los partidos mientras me hacen pedicure.

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